sábado, 18 de noviembre de 2017

LA CUCHARA MENGUANTE: Capítulo 9. EL PASILLO DE LOS VENENOS: "AY,AY"


Cuando me decidí a resumir un capítulo en Tertulias Ciencia, cogí el libro y le eché un vistazo a los títulos de los capítulos, ví la palabra veneno y la palabra cadmio y me dije "este es para mí". El cadmio fue el elemento con el que trabajé en mi proyecto fin de carrera. Cinco meses en un laboratorio viendo como una "mosca" agitaba vigorosamente las distintas disoluciones de este metal. Y mientras buscando información del mismo. Cuando leía el capítulo rememoraba toda aquella información plasmada en el proyecto.

No me enrollo más y paso a resumir el capítulo 9: El pasillo de los venenos: "Ay, ay". 

Los elementos que nos encontramos en este capítulo son el Cadmio, Talio, Bismuto, Torio y Americio.

CADMIO:

El cadmio es el elemento más ligero del pasillo de los venenos. Se hizo popular a partir de los hechos ocurridos en una zona del centro de Japón, las minas de Kamioka.
Estas minas se comenzaron a explotar en el siglo VII , extrayéndose metales preciosos. Siglos más tarde se empezó a extraer oro, plata, cobre y plomo. A principios del siglo XX, comenzó la extracción de cinc, debido a la fuerte demanda de este metal para su utilización en aviones, blindajes y munición en la guerra ruso-japonesa y la primera guerra mundial. El cinc se encuentra íntimamente mezclado con el cadmio en la Tierra. El tratamiento que se le daba al metal extraido de la mina, una tostación seguida de un lavado con ácido sulfúrico, conllevaba que con los lodos producidos en el lavado se encontrara cadmio. Estos fangos se vertían en los ríos o sobre la tierra, desde donde se infiltraba hasta llegar a las aguas freáticas.
En 1912 los médicos observaron que algunos arroceros de aquella zona morían a causa de unas nuevas y horrendas enfermedades. Terribles dolores en las articulaciones y en la médula de los huesos, fallo de los riñones y ablandamiento de huesos, eran los síntomas. La incidencia de esta misteriosa enfermedad se disparó durante las décadas de 1930 y 1940 con la expansión del militarismo japonés. A medida que la enfermedad se extendía de un pueblo a otro, pasó a conocerse como "itai-itai" ("ay-ay", en castellano), por los gritos de dolor que soltaban sus víctimas.
En 1946, un doctor de la región, Noboru Hagino, comenzó a estudiar la enfermedad. Al principió pensó que se debía a la malnutrición, pero después, con la ayuda de un profesor de sanidad pública elaboró un mapa epidemiológico y un mapa hidrológico que mostraba en qué lugar depositaba su carga el río Jinzu, río que atravesaba las minas y servía para inundar los campos de cultivo. Tras analizar el grano de la zona, Hagino comprendió que el arroz era una esponja para el cadmio.



Pero, ¿cómo actúa el cadmio en el cuerpo?.
El cadmio puede desplazar al azufre y al calcio en el cuerpo, pero no puede realizar las mismas funciones biológicas, lo que explica que afecte a los huesos de los enfermos. La malnutrición también desempeñaba un papel en la enfermedad ya que, al carecerse de elementos esenciales, las células introducían en sus órganos el cadmio a un ritmo más rápido que en una persona bien alimentada.
Hagino hizo público sus resultados en 1961. Tras litigios con la compañía minera legalmente responsable, en 1972, se comenzaron a pagar indemnizaciones a 178 supervivientes.

TALIO:

El Talio es considerado el elemento más mortal de toda la tabla periódica. El motivo es que puede actuar como Tl+ o Tl 3+ , por lo que puede imitar a muchos elementos y hacerse un hueco en muchos nichos bioquímicos.
En el cuerpo de los animales se cuela a través de los canales iónicos para captar el potasio, a menudo por medio de ósmosis en la piel. Una vez dentro del cuerpo, comienza a descoser enlaces fundamentales de los aminoácidos de las proteínas, inutilizándolas. El problema es que el talio no se para sólo en huesos y riñones, como el cadmio, sino que se mueve por todo el cuerpo, por lo que cada átomo puede producir una cantidad de daños desaforada.
Otra de las razones por las que el talio, al igual que el cadmio, funcione tan bien como veneno, es que se queda en el cuerpo durante mucho tiempo, ya que estos elementos tienen núcleos atómicos que nunca se desintegran radioactivamente.
Anécdota: Durante los años de su obsesión con Cuba, la CIA esbozó un plan para espolvorear los calcetines de Fidel Castro con talco contaminado con talio. A los espías les atraía la idea de que el veneno le provocase la caída del cabello, incluida su famosa barba.


BISMUTO:

El bismuto es un metal blanquecino y ligeramente rosado que al quemarse produce una llama azul y un humo amarillo. Es uno de los poquísimos elementos que se expande al congelarse . Se emplea en pinturas y tintes. El bismuto puede formar unas rocas conocidas como cristales en tolva, con forma de pirámides escalonadas iridiscentes.



El bismuto es un elemento técnicamente radioactivo. Por su posición en la tabla periódica debería ser muy dañino (comparte grupo con el arsénico y el antimonio), y se esconde entre los metales pesados más venenosos. Sin embargo, el bismuto es benigno, incluso medicinal: los médicos lo recetan para aliviar algunas úlceras .
Se puede considerar que el bismuto marca la transición en el pasillo de los venenos entre los venenos convencionales que producen arcadas y profundos dolores y los abrasadores venenos radioactivos.

TORIO + AMERICIO:

David Hahn, joven norteamericano de 16 años, a mediados de la década de 1990, en su deseo por resolver la crisis energética mundial, construyó un reactor nuclear en el cobertizo del jardín de la casa de su madre. Para empezar, aplicó el poco conocimiento que había recabado sobre física nuclear. David había aprendido los tres principales procesos nucleares: fusión, fisión y desintegración radiactiva. Como la fusión necesitaba temperaturas y presiones que no podía reproducir, David se centró en la fisión del uranio y la radiactividad de los neutrones, productos secundarios de la fisión. El uranio estaría rodeado por una envoltura de un elemento más ligero, el torio-232. Su objetivo, perpetuar una reacción en cadena. Tras cada fisión, el torio absorbería un neutrón proveniente de la fisión del uranio convirtiéndose en torio-233. Este isótopo inestable decae por desintegración beta, emitiendo un electrón, convirtiendo después, un neutrón en un protón. Esta adición de un protón lo convierte en el siguiente elemento de la tabla, el protactinio-233, que también es inestable y se transforma en aquello con lo que había comenzado: uranio-233.
De todo el trabajo que hizo , probablemente la parte más sencilla del proyecto fuese conseguir el torio-232. Los compuestos de torio tienen puntos de fusión extremadamente elevados, por lo que las lámparas de torio son comunes en ambientes industriales como las minas.
Pero David no dominaba la física y no contaba con la necesidad de disponer de uranio-235 para irradiar el torio y convertir éste en uranio-233. Inconveniente: el uranio común es sobre todo uranio-238 y el uranio-235 era difícil de conseguir. Por este motivo, instalo un contador Geiger en el salpicadero de su coche, en la búsqueda de este elemento.
Al final decidió abandonar esta estrategia, y construyó una "pistola de neutrones" para irradiar el torio, pero la pistola apenas llegó a funcionar. Para construir su burda pistola empleó americio. El americio es una fuente fiable de partículas alfa. Las partículas alfa hacen saltar neutrones de ciertos elementos.
David, al final, no construyó el reactor, ni siquiera estuvo cerca de conseguirlo.
El resultado de sus experimentos fue una cara salpicada de manchas rojizas , como si sufriera acné agudo.

OTROS VENENOS

Junto con el cadmio, el talio, bismuto, torio y americio, podemos encontrar otros venenos:

  • El mercurio, una neurotoxina. A la derecha del mercurio, en la tabla periódica, el plomo.
  • Los elementos radioactivos: el polonio, el veneno de la era nuclear. Al igual que el talio, provoca la caída del cabello de los afectados. Como ejemplo de envenenamiento por polonio, el del ex agente del KGB Alexander Litvinenko, que fue envenenado con sushi contaminado con polonio en un restaurante londinense. Más allá del polonio está el radón. Como gas noble que es, el radón es incoloro e inodoro y no reacciona con nada. Pero es un elemento pesado , por lo que desplaza al aire en los pulmones y descarga letales partículas radiactivas que conducen al cáncer de pulmón.


PREGUNTAS:

1) No hace falta irnos muy lejos para encontrar un ejemplo del vertido de lodos tóxicos al medio ambiente. En la Región de Murcia tenemos el caso de Portmán, pueblo minero en el que en 1992 cesaron los vertidos al mar de los lodos provenientes del lavado del mineral. Estamos diciendo que cerca del siglo XXI se seguían haciendo vertidos incontrolados en España, teniendo como ejemplo lo ocurrido en las minas de Kamioka. De momento aquí no ha habido ningún caso de enfermedad relacionada con el vertido o quizá si, ¿que pensáis?. ¿Sería útil realizar un mapa epidemiológico con la relación de cáncer en la zona y contrastarla con el resto de España?. ¿Ya está hecho?.

2) He echado de menos en el capítulo a venenos que sólo se nombran como el mercurio y el plomo. Me imagino que saldrán en otros capítulos. La supuesta relación del plomo con el saturnismo y la caída del Imperio Romano, etc. ¿Qué opináis?.

3) Maria Sklodowska y su relación con el polonio. Murió con 67 años, ¿edad tardía para el contacto que tuvo con el material radiactivo?.


Un saludo a todos. Nos leemos en el debate.







sábado, 11 de noviembre de 2017

La cuchara menguante. 8) De la física a la biología

Quiero empezar agradeciendo a Santos Mondejar su esfuerzo la semana pasada resumiendo en un tiempo récord el capítulo que, en principio, estaba asignado a mi. No estoy siguiendo la lectura del libro como me habría gustado y de ahí mi despiste que, afortunadamente, quedó subsanado por la disponibilidad y buen hacer de Santos. Gracias.

Debo confesar algo más antes de pasar a resumir las historias que se cuentan en este capítulo. Empecé a leer este libro con cierto entusiasmo pero también con cierto recelo. Tuve que abandonarlo por razones que no vienen al caso, y no he podido seguir tampoco los resúmenes y discusiones que han tenido lugar aquí. Así que pido disculpas anticipadas por si abro un debate ya concluido o si mi lectura fraccionada me ha conducido a apreciaciones erróneas que no vengan al caso. Pero mi impresión es que el libro -o al menos este capitulo- transmite una visión, en ocasiones, demasiado dulcificada y dramatizada de una actividad muy compleja. Volveré sobre esto más adelante al hilo del tema central alrededor del cual gira este capítulo.

Bueno, al lío. El capítulo de esta semana es el que abre la tercera parte del libro y que se titula “Confusión periódica: La emergencia de la complejidad”. Y ciertamente en este capítulo se empieza a entrever cómo las cosas/disciplinas se complican. Vemos cómo las líneas divisorias ya no están tan claras y cómo la interpretación de las teorías y de los resultados experimentales, otrora lógicos y clarificadores, empiezan a enmarañarse formando una barroca neblina por la que hasta los más avezados navegantes pueden naufragar. Precisamente es la historia de dos insignes exploradores de la tabla periódica la que repasa este capítulo, de sus éxitos y sus pifias (pero que nadie sufra, cada uno de ellos verá recompensado sus esfuerzos con sendos premios Nobel).

               

Emilio Segré y Carlo Perrier       

El primero de ellos es Emilio Segré. Es conocido, además de por sus logros, por su labor didáctica y su libro Núcleos y Partículas es, aún hoy, una maravilla de claridad (aunque su grosor asuste un poco). Segré fue también un gran aficionado a la fotografía y el archivo fotográfico del Instituto Americano de Física lleva su nombre en su honor. El autor narra con cierto dramatismo sus logros y algunas de las dificultades que encontró a lo largo de su carrera. Empieza por un gran éxito, la evasiva historia del elemento cuarenta y tres que Emilio Segré y Carlo Perrier consiguieron aislar en 1937 gracias a la -en cierto modo- serendípica colaboración de Ernest Lawrence. La clave para poder acorralar a tan esquivo elemento estuvo en la radioactividad. Segré reparó en que la escasez del elemento cuarenta y tres era lo que lo hacía tan difícil de encontrar y achacó esta escasez a que prácticamente todos los átomos existentes de este elemento debían haberse desintegrado radiactivamente. De forma más o menos casual Segré tuvo conocimiento de que el acelerador de partículas desarrollado por Lawrence, el ciclotrón, contaba entre sus elementos con hojas de Molibdeno. Estas piezas quedaban activadas (se transformaban en radiactivas) tras haber transcurrido gran parte de su vida útil expuestas al constante bombardeo de deuterones. El ciclotrón se diseñó con el fin de hacer colisionar partículas a gran velocidad (elevadas energías) lo que tenía entre otras consecuencias la generación de reacciones nucleares y la producción de multitud de isótopos radiactivos. Segré asoció -correctamente- esta activación a la presencia, entre otros, del elemento 43, que se habría creado como consecuencia de reacciones nucleares con el molibdeno y estaría desintegrándose. Lawrence cedió algunas de estas hojas de molibdeno activado a Segré que, en colaboración con Perrier, en la universidad de Palermo, consiguieron extraer de ellas isótopos de fósforo, cobalto, zirconio y, más tarde, el ansiado elemento 43. Tras el descubrimiento Segré escribió emocionado una carta a Lawrence en la que decía “el ciclotrón ha demostrado ser una especie de gallina ponedora de huevos de oro” haciendo referencia a la cantidad de logros científicos que estaba haciendo posible. Ciertamente, se trata de uno de los aparatos más fructíferos de la ciencia del siglo XX (pero esa, como decía Moustache, el camarero de Irma la dulce, la película de Billy Wilder, es otra historia…). Segré y Perrier llamaron a este nuevo elemento, no sin cierta disputa previa con la Universidad por motivos nacionalistas (motivos que al parecer nunca pasan de moda), Tecnecio usando la palabra griega technètos, que significa "artificial", por ser el primer elemento producido de forma artificial.

Lawrence (con gafas) junto a uno de sus ciclotrones

Curiosamente, la característica que lo hizo tan esquivo, su corta vida, es de gran importancia para su uso en medicina. El Tecnecio (en particular el isótopo 99mTc, la "m" indica que es un isómero nuclear metaestable) es uno de los radioisótopos más utilizados en medicina nuclear. Se utiliza aproximadamente en un 80% de los procedimientos diagnósticos. Su corta vida nos permite inyectarlo a los pacientes sin que estos permanezcan radiactivos más tiempo del estrictamente necesario para el diagnóstico (su período de semidesintegración es de unas 6 horas, es decir, en 24 horas se desintegran unos quince dieciseisavos). Existen hasta una treintena de radiofármacos basados en el 99mTc usados en estudios funcionales del cerebro, el miocardio, la glándula tiroidea, los pulmones, el hígado, la vesícula biliar, los riñones, el esqueleto, la sangre.

Moderno generador de tecnecio

Resulta también curiosos comentar que en la actualidad el 99mTc que se utiliza en los hospitales se genera, de forma análoga al descubierto por Segré y Perrier, a partir de molibdeno en unos dispositivos denominados generadores de tecnecio. Estos generadores tienen en su interior molibdeno-99 que tiene una vida media de unas 66 horas lo que permite que el dispositivo pueda transportarse a los hospitales. Una vez allí el molibdeno va decayendo a 99mTc con una vida media tan corta que es ideal para su uso en pacientes -como ya se ha comentado- pero hace su transporte imposible. El molibdeno-99 puede ser obtenido por activación neutrónica (n,gamma) del molibdeno-98 en reactores de alto flujo de neutrones (de forma similar al extraído por Segré de las viejas piezas activadas del ciclotrón de Lawrence). Sin embargo, el método más utilizado es a través de la fisión del 235U en reactores nucleares.    

Pero, según el autor, en la vida de Segré no faltan también sonados fracasos y desazones. Entre los que se cuenta su pifia en identificar la fisión del uranio cuando trabajaba como asistente del mítico Enrico Fermi y su posterior error al confundir el neptunio transuránico con un producto de la fusión nuclear.
Linus Pauling

El segundo personaje en el que se centra el capítulo es Linus Pauling. De Pauling se cuenta como su autosuficiencia (en el libro petulancia) lo condujo, a pesar de su perspicacia, a quedar fuera del que es considerado uno de los descubrimientos más importantes del siglo XX: la estructura de doble hélice del ADN. Con esta historia se introduce además la importancia de los avances de la química en la comprensión más profunda de la biología que en cierto modo condujo a la inauguración de la biología moderna. Pauling, al parecer, en un golpe de genio (o de suerte) orientó sus revolucionarios logros en el estudio de la mecánica cuántica de los enlaces químicos al estudio de moléculas orgánicas. Esto le llevó a otra revolución: conectó estructura y función en las moléculas orgánicas, transformando, de paso, también la medicina. La conexión entre la química, la física y la biología era algo latente, algo que flotaba en el aire durante la primera mitad del siglo XX. En 1944, el eminente físico Erwin Schrödinger publicó un libro titulado “¿Qué es la vida?” (editado en españa por Tusquets Editores) en el que se exponían muchos puntos clave para el entendimiento moderno de la biología. La importancia de este libro, no obstante, no gozó (ni goza) de una consideración unánime. Pauling se mostró muy crítico con las tesis que allí se planteaban, mientras que, curiosamente, Watson uno de los que acabarían desentrañando la estructura de doble hélice del ADN era un gran entusiasta del mismo y lo citaba como una importante influencia (más aquí). El capítulo termina con una descripción detallada sobre el traspiés de Pauling con el ADN y los trapicheos (creo que no exagero demasiado) que condujeron a Watson y Crick al éxito y la fama planetaria. Una de cal y otra de arena, Linus Pauling fue uno de los pocos científicos ilustres en negarse a trabajar en el proyecto Manhattan para la desarrollo de las primeras bombas atómicas.
Watson y Crick 

Y vuelvo a lo que comentaba al abrir este resumen. La exposición de estas historias que Sam Kean narra tan hábilmente están presentadas con cierto asombro, ¿pero cómo no pudieron darse cuenta semejantes gigantes de la ciencia, eternos candidatos al Nobel, de los errores que cometieron?, ¿pero cómo pudieron estos grandes prohombres presentar, en determinadas ocasiones, un comportamiento tan mezquino? La narración es alucinada, es una historia de “despistes” increíbles, se nos muestran sus desatinos como obra de personalidades excéntricas o ególatras y a mí esto, lo tengo que decir, me parece un error muy grave en un libro de divulgación. La realidad, no sé si triste o felizmente, es que la ciencia es una actividad que es siempre terriblemente complicada. La historia de estos desatinos constituye el día a día de millones de científicos anónimos. Y es sobre estos desatinos sobre lo que acaban cristalizando las grandes ideas y conceptos que son siempre mutables y están sujetos a una revisión permanente. Los científicos, además, son humanos (¡tachán!) por lo que sus reacciones y sus actos están, en muchas ocasiones (me atrevería a decir que la mayor de las veces) sujetos al capricho más arbitrario.

¿La ciencia narrada al estilo de Hollywood?

Una visión épica de la ciencia, que sin duda puede despertar muchas vocaciones, es también la semilla de la frustración y el origen de malentendidos que, paradójicamente, la pueden alejar de la sociedad. De hecho, la anécdota de Pauling, convertido en apóstol de las vitaminas gracias a su prestigio y autoridad resulta terriblemente ilustrativa sobre el doble filo de en entendimiento popular de la ciencia alejado de su realidad y sus complejidades. Pasa como con las malas películas de Hollywood con obligado happy end, pueden ser entretenidas, incluso edificantes, pero presentan una pobre guía para la vida.

¿Qué os ha parecido a vosotros? ¿Creeis que debe presentarse con sorpresa (y hasta con cierto fastidio) el hecho de que la ciencia sea complicada? ¿Nos os parece que en el fondo hay cierta reticencia, o miedo, por parte del autor de presentar las cosas tal y como son?

sábado, 4 de noviembre de 2017

La cuchara menguante. 7) Se amplía la tabla, se extiende la guerra fría

Me ha llegado el momento de estrenarme en los resúmenes de este libro un poco de improviso pero estoy encantado, como siempre.
He intentado hacer un resumen imparcial, notaréis que no he podido. Y os avanzo que me ha gustado bastante aunque no tengo claro que lo demuestre en el resumen.

El capítulo se centra en el descubrimiento de los últimos elementos de la tabla cuando fue escrito.
Comienza con una anécdota, supongo que muy divertida para científicos americanos, que ilustra la época dorada de la "fabricación" de elementos.
Entrando en materia, el equipo Seaborg - Ghiorso  lideró los avances en este campo hasta llegar a hacer habitual el descubrimiento de un nuevo elemento. Fueron los primeros en aprovechar las bondades del ciclotrón.
Aquí debo resaltar que, siendo reconocida su labor de equipo, sólo uno de ellos tiene un Nobel.
Como es habitual, la suerte tuvo bastante que ver en el rápido ascenso de un científico ya que pudo utilizar los equipos de Mc Millan cuando éste fue requerido por el ejército para los proyectos bélicos relacionados con la 2ª Guerra Mundial. Con ellos Seaborg descubrió el plutonio.
El autor narra la evolución de la búsqueda de elementos desde el bombardeo de neutrones hasta el choque núcleos (cuyos números atómicos sumasen el buscado) pasando por el lanzamiento de partículas alfa.
Y aprovecha para encumbrar a su país por su estilo de investigación, de elección de nombres y su difusión de lo encontrado.
Destaca la descripción detallada del descubrimiento del Mendelevio el cual le sirve de nexo para pasar al lado soviético y situarnos en la Guerra Fría.
Si bien no desprecia el trabajo ruso sí que les atiza un poquito más que a sus compatriotas.
Unos ejemplos:
Lysenko, el agricultor proletario con ideas marxistas sobre cultivos
La contaminación de las minas siberianas
Stalin que se salva un poco por dejar trabajar a los físicos
Flyorov, que sale mal en las fotos

Vuelvo al tema, que me pierdo.
Flyorov reactivó la física nuclear soviética y la puso al nivel de los americanos descubriendo el Dubnio.
Pero los alemanes también se pusieron las pilas y se unieron a la fiesta encontrando el Hasio.
Con tres grupos punteros pronto surgieron desavenencias y disputas sobre los descubrimientos y, por ende, la elección del nombre que es lo que perdura. Intervino la IUPAC repartiendo el mérito y los nombres de forma lo más justa posible. Bueno, una de las partes no estuvo muy de acuerdo y presionó para que sus logros fuesen más reconocidos. Finalmente lo consiguió para "mayor gloria" de los nueve expertos de la comisión.

Concluye el capítulo con el affaire Ninov. Éste, que no era americano sino búlgaro, trabajó en el equipo alemán pero fue tentado por los estadounidenses y puesto al frente de su equipo. Pronto consiguió sintetizar el oganesón pero resultó ser un fiasco ya que había falseado los datos. Por ello se desmanteló el equipo de Berkeley.

Como una especie de juego os dejo un par de puntos de partida para el debate:

Propuesta 1

Comenta la frase que, imagino, pasó por la mente de Sam:
"Nunca habrá en USA un ministro con unas ideas tan retrógradas"(Lysenko)
Y esta otra literal:
"Los americanos se vieron reducidos a viajar a Dubna si querían trabajar con elementos pesados"

Propuesta 2

Compara las dos fotografías del artículo. Sólo para los que han leído el capítulo.
(Sí, ya pido perdón)

Y ya más en serio, pero no mucho, abro otros hilos:
- Mirando los nombres de los nuevos elementos que cierran la tabla, ¿crees que ganaron los rusos?
- ¿Crees que en una colisión de estrellas de neutrones, por poner un ejemplo, se podrían formar elementos transoganesones (era irresistible) como predijo Seaborg?
- ¿Qué es lo que te ha gustado más del capítulo?

Y unos enlace interesantes:
La música de los elementos, que me ha llevado a
Elements (los conocidos hasta ese momento en Harvard), no conocía la original.
Más investigaciones fraudulentas

Buen finde y mejor semana


sábado, 28 de octubre de 2017

La cuchara menguante. 6) Completando la tabla... con un estallido

Cuando el grupo Olé Olé cambió de solista, allá por 1986, la presentó al público con el tema Lilí Marlén. Marta Sánchez, con su voz de mezzosoprano, arrancó el tema con la frase "Esa Luna en ruinas sabe qué pasó", y yo no puedo estar más de acuerdo con ella. El cosmos es testigo de que nuestro Sistema Solar fue inseminado por todos los elementos que tienen cabida en la tabla periódica, generados en el cataclismo de supernovas y estrellas de neutrones. Pero mucho antes de que los planetas hubieran comenzado a formarse, un buen número de esos elementos, inestables y de corta vida, habrían desaparecido. Miles de millones de años después, comenzaríamos la aventura para completar y dar sentido al tablero químico que los alberga.


Ordena el tablero atómico
con el eco espectral de sus disparos,
hasta el proyectil postrero.


En un laboratorio de la Universidad de Manchester que dirigía por Ernest Rutherford, el físico Henry Moseley se dispone a hacer su aportación a la evolución de la tabla periódica, y aquí el término "evolución" tiene un doble significado si tenemos en cuenta que el asistente de Moseley para los aspectos matemáticos fue Charles Galton Darwin, nieto del célebre naturalista. Para ello, literalmente, Moseley se lio a tiros para escuchar el lamento del átomo herido. Veamos en qué consiste. Al disparar hacia un átomo un electrón de alta energía, este es capaz de penetrar hasta las capas más profundas de aquel, arrancando uno de sus electrones (figura 1). Este estado es muy inestable por lo que un electrón de una capa superior intentará llenar el hueco cayendo a la capa inferior. Este electrón, a su vez, dejará otro hueco que ocupará otro electrón de una capa por encima. La caída de cada electrón a una capa inferior conlleva la emisión de rayos X con una longitud de onda característica para cada elemento, como representan los picos de la gráfica en la figura 2.


Figura 1
Figura 2





















La longitud de onda de estos rayos X está íntimamente relacionada con el número de cargas positivas del núcleo (protones), que ejercen atracción sobre las cargas negativas de los electrones que los rodean. Este experimento supone un antes y un después en la tabla periódica. Hasta ese momento los elementos se ordenaban según su masa atómica, de los más ligeros a los más pesados, y esto traía problemas. Algunos elementos no parecían encajar en esta ordenación. Además, no había manera de saber si, por ejemplo, entre el boro (con masa 10,8) y el carbono (con masa 12,01) existía o no algún elemento desconocido con una masa intermedia. Sin embargo, al saber que el boro tiene 5 cargas positivas y el carbono tiene 6, sabemos con seguridad que no puede haber otro elemento entre ambos. Los elementos se ordenarían empleando un número entero que coincide con el número de cargas positivas del átomo: el número atómico.

Moseley ensayó todos los elementos hasta el oro (número atómico 79) e identificó cuatro elementos desconocidos con números atómicos 43, 61, 72 y 75. Si Mendeléev fue el primer osado en predecir elementos desconocidos, la ordenación por número atómico que posibilitó Moseley se conviertió en un auténtico acicate para lanzarse a la búsqueda. Paradójicamente, el hallazgo del último de estos cuatro elementos, el 61, pasó completamente desapercibido. La prensa no le prestó mucha atención porque, al fin y al cabo, ¿para qué servía el prometio? Por si fuera poco ninguneo, el propio equipo que lo identificó en 1945, no anunció su descubrimiento hasta 1947. Ni siquiera a los científicos les pareció especial ese día en el que, finalmente, se completaron los huecos de la tabla periódica. Estaban demasiado entregados a la ciencia nuclear del uranio y el plutonio.

El núcleo atómico aún desvelaría más sorpresas. Había que explicar cómo podían existir átomos con el mismo número atómico (que ocupaban la misma casilla en la tabla periódica) pero diferente masa atómica, que hoy conocemos como isótopos, y qué cambios se sucedían para producir los distintos tipos de radiactividad. La clave vino de un compañero gemelo del protón aunque más discreto: el neutrón, descubierto por James Chadwick en 1932, que proporcionaba masa sin aportar carga. Se hacía realidad la transmutación soñada por los alquimistas pues, por ejemplo, si un átomo emite radiación beta, un neutrón pasa a convertirse en protón, con lo que su número atómico aumenta en una unidad y se transforma en el elemento siguiente de la tabla.

El neutrón se convirtió en un proyectil privilegiado para la física nuclear, pues su ausencia de carga lo hacía inmune a la interacción electromagnética del átomo. El bombardeo de átomos con partículas como el neutrón permitió al matrimonio Joliot-Curie descubrir la radiactividad artificial en 1933, que permitía obtener un isótopo radiactivo partiendo de uno estable. También se exploró la posibilidad de que algunos átomos que absorbían neutrones se escindieran en núcleos más pequeños, liberando energía y más neutrones que permitían una reacción en cadena mediante el proceso de la fisión nuclear.

Sin embargo, la aplicación de la fisión nuclear para uso militar estaba muy lejos de ser una realidad. Tan lejos que en el proyecto Manhattan tuvieron que jugársela a la ruleta en su casino particular, que desarrollaron mediante el método Montecarlo. La enorme dificultad de predecir el comportamiento de billones de neutrones para lograr una reacción en cadena autosostenible, provocó que se plantearan un método de aproximación estadística. Así, las esposas de los científicos fueron reclutadas como "calculadoras" para ensayar un elevado número de cálculos que, partiendo de cifras al azar, permitiera alcanzar unos resultados cercanos a la solución idónea.


Los hongos nucleares de Hiroshima y Nagasaki son el trágico testimonio de lo bien que funcionó este sistema tan poco convencional, que se acerca a la respuesta mediante el cálculo a fuerza bruta. No es de extrañar que un método como el Montecarlo hiciera buenas migas con el desarrollo de los primeros ordenadores, como el ENIAC, pensados para realizar un elevado número de cálculos en poco tiempo. Esta fructífera relación facilitó enormemente la simulación de experimentos y el desarrollo de modelos predictivos en innumerables disciplinas científicas.

Finalizado el resumen, os propongo mis cuestiones para el debate:
  • Henry Moseley murió en la batalla de Galípoli (1915) por el disparo de un francotirador turco. Como él, otros científicos han muerto a edades tempranas dejando aportes muy significativos en tan breve trayectoria (Carnot en termodinámica, Galois en matemáticas...). Partiendo de la hipótesis de que estos aportes pueden ser más probables en investigadores jóvenes, ¿debería ser esto un motivo añadido para estimular la regeneración en las plantillas de centros de investigación?
  • Cada época ha tenido sus "temas candentes" que han dirigido el interés de los científicos, como lo hizo la Segunda Guerra Mundial para concentrar esfuerzos en física nuclear. ¿Pensáis que esto es siempre un estímulo para el avance científico, o puede tener doble filo por el abandono de otros campos que se desatienden y que podrían ser prometedores?
Y agradeciendo vuestra paciencia por leerme, tenéis la palabra.

sábado, 21 de octubre de 2017

La cuchara menguante. 5) Los elementos de la guerra

Cuando pedí resumir el capítulo 5 solo conocía su título y nada de su contenido, así que me imaginé que tal vez trataba, al menos en parte, del cloro y de Fritz Haber… y, a diferencia de lo que le ha pasado a Conxi, ha sido así :P Y fue grato, ya que he tenido la oportunidad de “coincidir” en varias ocasiones con este químico, cuya figura alberga las dos caras de la moneda. De hecho, en mi blog tengo dos entradas básicamente dedicadas a él (al final pongo los links).

El autor del libro sitúa las primeras guerras químicas, aunque sin éxito, en la antigua Grecia. Durante siglos no evolucionó ni logró mejorar el arrojo de aceite hirviendo desde las almenas. Y no fue hasta la Primera Guerra Mundial cuando empezaron a emplearse agentes químicos para hacer daño de forma consciente. Aquí es donde entra en escena el químico alemán.

Fritz Haber y el cloro

Cuando Haber se hizo cargo del Instituto de Química-Física Kaiser Guillermo ya era un científico reputado, pues  había descubierto, mediante una sencilla reacción, una forma de sostener la base alimenticia de la mitad de la población mundial. Su cometido durante la Primera Guerra Mundial, sin embargo, fue muy diferente al de acabar con la inanición del populacho, más bien contribuyó a exterminarlo.

Se fijó en lo que hoy conocemos como el grupo 17 de la tabla periódica, la de los halógenos. Estos elementos tienen en su capa más externa siete electrones, es decir, están a solo uno de conseguir un estado del bienestar químico. Para ello suelen arrasar con lo que encuentran en su camino, incluidas nuestras células, buscando el electrón que les permita alcanzar la estabilidad.

El primero en usarse fue el bromo, pero tras varios intentos en el campo de batalla, los germanos no obtuvieron los resultados que esperaban. Entonces Haber dirigió sus esfuerzos al vecino de arriba, al cloro, más agresivo. Y al ser más pequeño, tiene más facilidad para atacar a las células. Las analogías que se emplean en el libro son brutales: «Si el gas bromo es una falange de soldados de a pie que atacan las membranas mucosas, el cloro es como un tanque de una guerra relámpago que, inmune a las defensas del cuerpo, arrasa con los senos nasales y los pulmones». El resultado, la muerte por asfixia; más concretamente, la muerte por asfixia de 5000 soldados franceses atrincherados en las inmediaciones de la ciudad de Ypres en lo que se considera el primer uso de armas químicas a gran escala. Fritz Haber no dudaba en trasladarse al mismísimo frente de batalla.

Haber dando instrucciones en el frente de batalla.


Para el bando prusiano se convirtió en un héroe, pero no le faltaron detractores. Entre ellos se encontraban su propia mujer, quien se suicidó tras descubrir a lo que su marido realmente se dedicaba, y Albert Einstein, pacifista declarado. El Premio Nobel lo recibió «cuando aún no se había disipado el polvo (o el gas) de la Primera Guerra Mundial», aunque fue por el proceso de producción de amoníaco a partir del nitrógeno atmosférico. Finalmente, Alemania perdió la guerra y Haber cayó en una desdicha tanto profesional como personal.

A partir de aquí empezó lo nuevo para mí. Dejamos a Haber y a los halógenos a un lado para centrarnos en otros elementos  como el molibdeno, el wolframio, el tantalio y el niobio. Las historias que rodean a estos metales giran en torno a cuestiones más políticas que científicas, pero igual de interesantes a pesar de los rodeos del autor.

Molibdeno y wolframio

El molibdeno fue también fuertemente demandado durante la Primera Guerra Mundial, en la que se requerían aceros más fuertes y resistentes para aplicaciones industriales y militares. Este elemento puede resistir altísimas temperaturas, ya que tiene una temperatura de fusión de 2600 ºC, miles de grados por encima del hierro, principal metal del acero. Por lo tanto, añadir un poco de molibdeno al acero proporcionó material militar más resistente y destructivo. Un ejemplo característico es el de los obuses de asedio Gran Berta, diseñados por las industrias alemanas Krupp.

El problema que encontraron los alemanes fue que no tenían minas de molibdeno suficientes para fabricar los Bertas. Su único suministro se encontraba en una mina de Colorado, es decir, en un país enemigo, Estados Unidos, aunque se hicieron con el control de la misma antes de que los americanos entraran en la contienda.

Cañones Gran Berta.


El wolframio (o tungsteno), por su parte, fue un material estratégico en el seno de la Segunda Guerra Mundial, siendo uno de los productos más codiciados. El 90% de las reservas de toda Europa se encontraban en Portugal, país neutral durante la contienda, pero cuyo dictador, Salazar, no dudó en aprovechar tal condición para negociar con ambos bandos. El wolframio es uno de los metales más duros conocidos y está situado justo debajo del molibdeno en la tabla periódica, por lo que, al tener más electrones, funde por encima de los 3400 ºC. Se utilizaba también como aditivo del acero en la fabricación de misiles.

Tantalio y niobio

El capítulo finaliza con el tantalio y el niobio y sus aplicaciones en la telefonía móvil al tratarse de elementos densos, resistentes al calor y a la corrosión y aguantan bien las cargas eléctricas. Ambos elementos se encuentran en el coltán, un mineral cuyas reservas se encuentran mayoritariamente en lo que conocemos hoy como la República Democrática del Congo (RDC), antes Zaire.

A mediados de la década de 1990 comenzó una guerra en dicho país para liberarse del yugo de un régimen dictatorial. Tuvieron ayuda de países vecinos como Ruanda o Burundi e incluso algunos países de la Unión Europea y Estados Unidos se implicaron, y finalmente lo que estalló fue una lucha de intereses por controlar los recursos. El negocio del coltán, lo que debería haber sido fuente de riqueza del país, se convirtió en algo beneficioso para los grupos armados que controlaban las minas y estalló una guerra que duró hasta 2003 con una balance de más de cinco millones de personas muertas, la mayor pérdida de vidas desde la segunda guerra mundial.

Reflexión final

Lamentablemente, la química está íntimamente ligada a los conflictos bélicos y a la pérdida de millones de vidas humanas de forma injustificada. También muchos avances científicos surgieron como consecuencia de guerras. Avances que todos aprovechamos en nuestro día a día, y es ahí donde podría surgir un conflicto desde el punto de vista moral. O no. Eso ya queda dentro de cada uno.

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Entradas sobre Fritz Haber y la guerra química en Radical Barbatilo:
- Entre el genio y el genocidio: https://goo.gl/xb3Ner
- Una revisión de Genius: Einstein (Capítulo 7): https://goo.gl/3P8BMp

sábado, 14 de octubre de 2017

La cuchara menguante. 4) De dónde vienen los átomos: “Somos polvo de estrellas”


Empiezo la PARTE II  con el capítulo cuatro que se titula, nada más y nada menos que: De donde vienen los átomos. “Somos polvo de estrellas”  Frase de Carl Sagan de fuerte significado, y que guardamos como un tesoro todos los que nos gusta la ciencia. En él, Kean nos hilvana historias  que nos hablan del Fe - Hierro, Ne - Neón, Pb - Plomo, Ir  - Iridio y Re - Renio


El Fe hierro y los metales estelares
El autor empieza con un pequeño repaso de cómo ha evolucionado nuestro pensamiento y creencias sobre de dónde vienen los átomos, que en realidad es como preguntarse de dónde viene todo. El sentido común, que durante siglos era lo que teníamos, nos encaminó a pensar que de ningún sitio, que eran innatos al propio universo. Luego ya en 1930 con la teoría el Big Bang, se propuso que todos ellos tenían que haber surgido a la vez en ese único instante. Pero al ir mejorando las técnicas de observación se vio que el sol, y otras estrellas, liberaban demasiada energía en comparación a los pequeñísimos átomos de hidrógeno fusionándose y generando helio. Además, si todos los elementos habían surgido en un mismo instante tendrían que estar repartidos uniformemente en todas las direcciones y no lo están.
En 1957 los astrónomos G. Burbidge, M. Burbidge, W.Fowler y F.Hoyle (B2FH) publicaron un artículo que sugiere que en un principio el universo era una masa de hidrógeno con una pizca helio y litio, y con el tiempo el hidrógeno se fue agrupando hasta formar las estrellas, siendo los primeros en mostrarnos que las estrellas eran nuestros verdaderos “dioses” creadores.
Pero ¿qué ocurre luego?. Cuando la presión gravitatoria en el interior comienza a fusionar el hidrógeno formando helio hasta agotar el hidrógeno, desesperadas, las estrellas,  queman el helio y no tardan en acumular en su interior elementos como el litio, boro, berilio y especialmente el carbono. Quemar helio libera menos energía que quemar hidrógeno y se agotan en unos pocos cientos de miles de años;. entonces algunas estrellas pequeñas mueren creando masas de carbono fundido llamadas enanas blancas. Otras de mayor masa  (ocho o más veces els sol) siguen luchando apretando sus átomos de carbono creando seis elementos más hasta el magnesio, terminando algunas aquí su recorrido; pero otras , las más calientes , queman también esos elementos en su interior a los largo de unos pocos millones de años más. El artículo de B2FH, le sigue las pista a todas estas reacciones de fusión de los elementos hasta llegar al hierro. Gracias a ello, los astrónomos actuales pueden reunir  a todos los elementos entre el litio y el hierro en el grupo de los metales estelares y cuando encuentran hierro en una estrella ya no se molestan en buscar nada más pequeño, saben que esta.
¿Y luego? El sentido común nos dice que podrían seguir fusionándose los átomos de hierro hasta completar toda la tabla periódica con los elementos más pesados.  Pero no, una vez más el sentido común falla, ya que cuando se calcula, es tal  la energía que se necesita para fusionar los veintiséis protones de hierro que no beneficia en nada a una estrella, por muy masiva que sea.
¿Entonces de dónde vienen los elementos más pesados, del veintisiete al noventa y dos, del cobalto al uranio? Las estrellas más masivas (doce veces el tamaño del  sol), se consumen hasta quedar en un núcleo de hierro muy rápidamente. Al quedarse de repente sin energía para poder mantener su gran volumen, su propia gravedad hace que se comprima (implosione)  tanto, que en su núcleo los protones y los electrones se comprimen en neutrones hasta que apenas quedan solo neutrones (pregunta: ¿es eso una estrella de neutrones?)  Pero entonces ese colapso produce una reacción que la hace explotar convirtiéndose en una supernova. Durante un mes aproximadamente la supernova se extiende a lo largo de millones de kilómetros y brilla con más intensidad que mil millones de estrellas juntas; todas las partículas colisionan con tal fuerza y tantas veces por segundo, que se saltan las barreras normales de energía fusionándose al hierro creando así nuevos elementos. Todas las combinaciones naturales de los elementos e isótopos salen expulsadas de esta tempestad de partículas.
En nuestra galaxia han explosionado cientos de millones supernovas, y una de ellas fue la responsable de nuestro sistema solar hace 4.600 millones de años al atravesar una nube plana de polvo espacial de restos de, al menos, dos estrellas. Las partículas se entremezclaron creando en el centro, más denso, a nuestro sol; los cuerpos planetarios comenzaron a agregarse y a juntarse; formando a los gigantes gaseosos, como Júpiter, cuando una corriente catapultada por el sol, expulsó los elementos más ligeros hacia los márgenes.


Júpiter el planeta que quiso ser estrella y la lluvia de Ne Neón.
En nuestro imaginario han estado siempre presentes los planetas creando todo tipo de leyendas. Algunas totalmente infundadas como la de los marcianos y otras con cierta justificación. Júpiter ha sido uno de los más prolíficos en este sentido. En 1994 el cometa Shoemaker-Levy 9, nos dió a los terrícolas, un fantástico espectáculo al chocar contra el gigante gaseoso, excitando a científicos con sus veintiún fragmentos que saltaron, al chocar, a más de 3000 km de altura. Pero también estimuló la imaginación del público en general. Pocos años después cuando la gravedad de Júpiter desvió hacia la tierra el cometa Hale-Bopp, treinta y nueve miembros de la secta Nike de San Diego se suicidaron en la creencia de que había sido un medio divino que lo había desviado para recogerlos y trasladarlos  un plano espiritual superior.
Pero el pensar que puede llevar en su interior una gran piedra preciosa, tal vez,  no es tan descabellado. Algunos científicos creen que su errático campo magnético sólo puede deberse a por la presencia de océanos de un negro y líquido hidrógeno metálico. Realmente, los elementos llevan vidas extrañas en Júpiter, y la razón es que quiso ser estrella y se quedó a medio camino (si lo hubiera conseguido nuestro sistema solar habría sido binario, con dos estrellas). Se enfrió por debajo del umbral de fusión, pero conservó bastante calor, masa y presión para apretujar los átomos hasta el punto que dejan de comportarse  como lo hacen aquí en la tierra.
Le meteorología de la superficie y del interior de Júpiter también juega con los elementos de manera espectacular.
Como ya sabemos, Júpiter,se formó  cuando una corriente catapultada por el sol, expulsó los elementos más ligeros hacia los márgenes por lo que debería tener la misma composición elemental básica que las estrellas: 90% de hidrógeno, 10% de Helio y algunas cantidades de otros elementos como el Neón.
En una estrella real, las miniexplosiones nucleares compensan la gravedad, pero en Júpiter, nada impide que el helio y el neón más pesados “caigan” de las capas exteriores a la capa de hidrógeno metálico líquido. El helio y el neón cuando se queman producen colores brillantes en tubos de cristal (las luces de neón). Pues ahora imaginémonos situados en las orillas del mar de hidrógeno metálico liquido, la fricción que produciría la caída del neón desde el cielo de Júpiter nos permitirá admirar un cielo cremoso y anaranjado y ver un extraordinario espectáculo de luces, como fuegos artificiales; los científicos lo llaman lluvia de neón.


Los cuatro planetas rocosos, Mercurio, Venus, Tierra y Marte.
Los gigantes gaseosos se formaron en un millón de años, mientras los elementos pesados daban vueltas en un cinturón celeste permaneciendo así durante varios millones de años más,  hasta que se formaron la Tierra y sus vecinos como bolas fundidas. Los elementos pesados se fueron arrimando a sus parientes químicos formándose depósitos considerables de cada elemento. El hierro, el más denso, se hundió hasta el núcleo y allí permanece todavía hoy. Si la Tierra no se hubiera enfriado y solidificado lo suficiente como para dejar de mezclar los elementos, sería ahora un enorme témpano de uranio y magnesio.
Cada sistema solar posee su señal química ya que, la mayoría, al formarse a partir de supernovas, dependió de la energía que tuviera cada una  para fusionar unos u otros elementos, y de la mezcla con lo que hubiera alrededor (polvo estelar). Así que es muy difícil que dos sistemas acaben teniendo las mismas cantidades de elementos radiactivos y no radiactivos si no es porque han nacido juntas.
Con todo este galimatías de elementos en los sistemas solares, ¿como saben los científicos cuando se formó la Tierra?


El Pb Plomo, el uranio y como sabemos cuando se formó la Tierra
En la década de 1950 se sabía, que los elementos más pesados son radiactivos y casi todos acaban desintegrándose en plomo, que es estable. Un estudiante de doctorado de Chicago, llamado Clair Patterson, y gracias al proyecto Manhattan donde se formó, conocía la tasa precisa de desintegración del uranio. También sabía que, aquí en la Tierra, hay tres isótopos de plomo con número atómico 204, 206, y 207 y que debía haber habido algo de ellos siempre, desde el dia que nacimos de una supernova. Pero otra parte tenía que ser de la desintegración del uranio. El uranio produce más isótopos 206 y 207,  y pensó tenía que haber un aumento predecible de la relación entre  estos y el 204. Pero averiguarlo no fue fácil ya que se topó con dos problemas. El primero que no había nadie en el momento de la creación de nuestra Tierra para que nos diera las relaciones primigenias entre los tres isótopos de plomo y la otra la contaminación industrial.
Encontró la solución a  la primera, ya que  parte del polvo estelar que rodeaba la tierra primigenia fue absorbida por esta, pero el resto formó meteoritos, asteroides y cometas por lo que son como trozos de Tierra primordiales que se han conservado. Además, como ya sabemos, el hierro se sitúa en la cúspide de los metales estelares,por lo que los meteoritos son hierro sólido. El hierro y el uranio no se mezclan , pero el hierro y el plomo si, de manera que los meteoritos contienen plomo con las mismas abundancias relativas originales que tuvo la Tierra, ya que en ellos no había uranio que pudiera aportar plomo  al desintegrarse.
El otro problema era que los trozos de meteorito que se agenció de Cañón Diablo en Arizona estaban contaminados por la industrialización. De todos es sabido que el plomo se ha usado desde tiempos inmemoriales, en pinturas, en los tubos de fontanería  (Pb viene de plumbum, en inglés fontanero) , más tarde la gasolina...etc. Así que Patterson tuvo que convertirse en muy escrupuloso y obsesivo descontaminando su laboratorio; lo que le  permitió obtener la mejor estimación que tenemos de la edad de la Tierra, 4.550 millones de años. Además, tenemos que agradecerle a su obsesión por la limpieza que se convirtiera en un activista contra la contaminación por plomo. Gracias a él hoy no tenemos pinturas con plomo en los juegues de los niños o la gasolina no nos vaporiza plomo en nuestros cabello.


El Ir Iridio y los dinosaurios
En 1977 los físicos Luis y Walter Álvarez estaban estudiando , en Italia, depósitos calcáreos de la época de la extinción los dinosaurios, unos 65 millones de años. Entre las capas calizas uniformes estaba mezclada una fina capa de arcilla roja que contenía iridio. Al  iridio le gusta el hierro (es siderófilo) por lo que casi todo se encuentra en el núcleo de hierro fundido de la Tierra, como también en meteoritos. asteroides y cometas.
Los Álvarez, padre e hijo, pensaron que si la Luna había sufrido bombardeos, como lo demuestran los cráteres de su superficie, por qué no los habría de sufrir la Tierra; si algo enorme hubiera impactado contra la tierra hace 65 millones de años, habría expulsado a la atmósfera y a toda la Tierra una nube de polvo lleno de iridio. Esa capa de polvo podría haber ocultado el sol y asfixiado a las plantas lo que podría haber ocasionado la extinción el 75 por ciento de todas las especies y que murieran el 99 por ciento de los seres vivos. Los geólogos, pronto comprobaron que la capa de iridio se extendía alrededor del mundo, y poco después descubrieron un cráter de más de ciento sesenta kilómetros de diámetro, 20 kilómetros de profundidad y sesenta y cinco millones de años de antigüedad en la península del Yucatán, todo ello pareció demostrar la teoría del asteroide, el iridio y la extinción. Pero de acuerdo con registro fósil los dinosaurios se extinguieron a lo largo de varios cientos de miles de años, no de golpe. Hoy se cree que también influyeron las erupciones de la India de varios volcanes.
Pero no es la única extinción que ha sufrido la Tierra, y algunos paleontólogos comenzaron a ver clara una pauta: cada veintiséis millones de años se había producido una extinción similar.


El Re Renio - las extinciones y Némesis
Se descubrieron otras finas capas de iridio que parecían coincidir con sendas extinciones en masa. A Luis álvarez, por lo visto un hombre temperamental, no le agradaba la idea de “pauta”  de extinción; como buen científico se decía que mientras no se supiera lo que  provocaba tal pauta, las extinciones podrían haber sido hechos fortuitos.
Un día discutió acaloradamente sobre el tema con uno de sus colaboradores, Richard Muller, y este, en un subidon a drenalina, improvisó una explicación:  tal vez el sol tenía una compañera de viaje, una estrella alrededor de la cual la Tierra describía un círculo con tal lentitud que ni lo notábamos, y cuya gravedad enviaba asteroides contra la Tierra cuando se acercaba. Más tarde Muller llamo Némesis a esa supuesta compañera del sol. (diosa griega de la venganza)
Pero para Álvarez fue toda una revelación cuando comprendió que los asteroides periódicos eran una posibilidad que resolvía las pautas y un detalle sobre el renio hallado junto al iridio en las capas de arcilla. Como se recordará, todos los sistemas solares tienen una señal característica, una relación única entre isótopo, pues bién el coeficiente de los dos tipos de renio encontrados, un radiactivo y el otro estable, eran los mismos que los  encontrados en la Tierra por lo que el asteroide que impactó hace 65 millones de años tenía que haberse originado en nuestro sistema solar.
Nunca se ha hallado a Némesis, claro está, pero ante los tres hechos comprobados (la aparente regularidad de las extinciones; el iridio, que implica impactos; y el renio, que implica proyectiles originados en nuestro sistema solar) los científicos creyeron que le estaban siguiendo la pista a algo importante, aunque Némesis no fuese el mecanismo. Así que se pusieron a buscar otros ciclos que pudieran provocar los cataclismos, y enseguida encontraron un candidato en el movimiento del sol. Nuestra estrella es arrastrada por las mareas de nuestra galaxia espiral, y sube y baja como en tiovivo mientras se mueve. Algunos creen que este balanceo lo acerca lo bastante para ejercer atracción sobre una enorme nube de cometas y otros objetos de la nube de Oort que se originaron en la misma supernova que dio origen a nuestro sistema solar y que cada vez que el sol asciende hasta el pico o desciende hasta el valle, cada veintiséis millones de años, podría atraer cuerpos y enviarlos contra la Tierra. ¡Habrá que aprender a ponerse a cubierto!



Preguntas:
-Esto ha encendido mi imaginación: “El más gaseoso es Júpiter, que por varias razones es una fantástica residencia para los elementos, que allí viven de formas nunca imaginadas en la Tierra” ¿Que formas?, me cuesta imaginarlas.
-Si Júpiter hubiera llegado a ser la compañera de nuestro sol, ¿las características de la tierra hubieran sido la mismas?
-Siempre me sorprende esa estructura de pensamiento que puede hacer que te suicides en masa por culpa de creencias basadas en pura fantasía. Se que es complicado contestar pero aquí lo dejo por si alguien se atreve ;)
-Me ha sorprendido que Fred Hoyle, astrónomo del B2FH, no creía en la evolución ni en el Big Bang. ¿Se puede ser científico y creyente a la vez?
-A medida que voy aprendiendo lo que se sabe de momento de cómo funciona el universo, más efímera veo nuestra existencia. ¿Vosotros no? ¿Llegaremos a tiempo de ponernos a cubierto?
-¿Una estrella de neutrones es el estado anterior a una supernova?



NOTA IMPORTANTE: No es necesario responder todas las preguntas… se que me he pasado... XD XD