Y con este título de capítulo tan "metafísico" jeje, Bryson se zambulle en el tema de la taxonomía (botánica, zoológica, etc.). Todo empieza con una visita al Museo de Historia Natural de Londres y a su encuentro con el especialista en briofitos (musgos para el común de los mortales) que llevaba 42 años estudiando la misma especie. A partir de ahí y centrándose en los aspectos más curiosos y aventureros se nos cuenta la historia de la taxonomía y de grandes de la ciencia como Banks, y se detiene especialmente en Linneo y su clasificación; y después en las batallas sobre la adopción de una nomenclatura universal y no local. Lo más sorprendente es que puede que no estemos más cerca de conseguir estimar el número de especies que habitan en nuestro planeta ni mucho menos de descubrirlas y clasificarlas todas. Hay muchos seres vivos microscópicos, otros se encuentran en zonas aún inexploradas del planeta que no es precisamente pequeño y sobre todo: no hay suficientes especialistas. El autor se detiene bastante en explicar que cuando se jubila (o se muere) un especialista puede que su trabajo quede parado y abandonado in aeternum, a la vez que recoge las afirmaciones de Koen Maes: no hay fondos para que continuara sus investigaciones en África. También informa de que, pese a que pueda parecer un tema más curioso que útil, en plantas todavía por descubrir y catalogar podríamos encontrar principios activos para fármacos que podrían orientar la investigación en este campo.
Ahora me vais a permitir que me suelte el pelo y me desahogue... porque este capítulo no me ha gustado mucho por varios motivos, así que os toca aguantar a la tiquismiquis de Dolores jaja, hasta lo haré más o menos por orden de aparición en el capítulo:
1) Algo pequeño y minúsculo pero que se ha sumado con el resto: segundo párrafo dice "tal vez puedas ver que alguien con el aire distraído y el cabello curiosamente rebelde, que caracterizan al investigador", ¡anda ya! ¿Cuántos investigadores así conocéis? Al menos la gente con la que he ido trabajando o he coincidido en congresos es muuuuy normal en cuanto a aire despistado y pelos rebeldes. ¿No se estará fijando solo en el prototipo de Einstein? Que haber científicos asi, los hay, pero no es la inmensa mayoría. Ya sé que solo es un detalle pero me ha molestado el tratamiento a científicos en este capítulo porque me he sentido como un especimen raro, que se pierde por el edificio y llega a paredes tapiadas en vez de al departamento de Botánica y lo suficientemente friki como para pasarse 42 años con una especie de musgo. Esto tiene parte de verdad pero lo puedes contar de muchas maneras, y desde luego no me parece la que más se adecúa a la realidad...
2) "En realidad los musgos no sirven para nada", ¿ah, no? ¿Y en qué basas semejante afirmación, querido Bryson? Porque aquí, una química que reconoce no tener más que una ligera idea de taxonomía y demás temas de este capítulo, en una asignatura de libre elección hizo un trabajo sobre la monitorización de los niveles de contaminación en metales pesados de... ¡los briofitos! Que por lo que aprendí eran estupendos (se comparaban los de zonas medianamente urbanas con reservas naturales) y en concreto habían mostrado como el eliminar el plomo de la gasolina había influido en la calidad del aire que nos rodea...
3) No me gusta como habla de Linneo, por los mismos motivos que el punto 1) pero en este caso mucho más acentuados. ¿En serio había que hacer tanto hincapié en esos aspectos del carácter que pueden resultar cuando menos cómicos y estrafalarios? No me parece mal que se cuenten "trapos sucios", pero a la vez por justicia, me hubiera gustado que se incidiera más en lo positivo. Volvemos a la imagen de científicos aristocrátas estrambóticos. Y sí, sería una realidad, pero es que utiliza el mismo afán sensacionalista para hablar del especialista en briofritos de Londres...
4) ¿Cuál es la intención de Bryson en este capítulo? ¿Convencernos de la importancia y emoción de la taxonomía y promover vocaciones científicas para el campo? No, me imagino que esta no era su intención, pero es que además consigue (al modo de entender de esta nada humilde lectora) toooodo lo contrario. Estudiar taxonomía parece aburridísmo y propio de pringados y no queda demasiada clara su utilidad (solo menciona los compuestos activos de las plantas). Así que, no me ha gustado el enfoque del capítulo. Para tener otra perspectiva recomiendo leer: Mi epifanía molecular, de Copépodo: ahí sí aparece cómo es el trabajo de un científico, normalmente repetitivo y aburrido, pero cómo de emocionante puede llegar a ser un descubrimiento. Por cierto, otra cosa que he echado de menos es que mencionara la importancia de la genética molecular para la taxonomía moderna.
La verdad es que conforme avanzaba en la lectura, iba pensando que Copépodo hubiera sido un gran resumidor, pero como estoy a sábado no me daba tiempo a intentar enmarronarle. Recomiendo su bloj invertebrado y que le planteéis las dudas sobre el tema que podáis tener y que yo no os puedo resolver, y quizá su visión discrepe más de la mía que la de Bryson, ni idea la verdad.









