sábado, 28 de enero de 2017

Orígenes. Los humanos. Capítulo 8. Prestissimo

La historia evolutiva de Homo sapiens es todavía muy breve pero hemos de reconocer que en pocos milenos hemos alcanzado cotas increíbles de desarrollo. La pregunta que se ha venido planteando en este sentido es si este éxito evolutivo no habrá tenido que ver con la complejidad del lenguaje. Se han llevado a cabo muchos análisis de los fósiles de nuestros antepasados para descifrar si poseían una capacidad de habla como la nuestra, pero no podemos ofrecer ninguna respuesta definitiva porque ni las sutiles diferencias de forma, ni tampoco el tamaño de nuestro cerebro parecen ser la solución. A grandes rasgos, podemos descartar diferencias sustanciales entre el cerebro de los primeros miembros de Homo sapiens y nosotros mismos.

En cualquier caso, hace 150.000 años éramos cazadores y recolectores y ahora estamos planeando viajar a Marte. Este salto cualitativo en nuestro desarrollo cultural encaja con un progreso exponencial de la tecnología, y suscita de nuevo la misma pregunta: ¿Dónde reside la diferencia entre nuestros antepasados africanos de hace 200.000 años y los actuales habitantes del planeta?


Para varios investigadores, la diferencia radica en las mutaciones de unos pocos genes reguladores, que habrían tenido una selección positiva y se habrían extendido muy rápidamente en las poblaciones humanas.

Es decir, una única mutación génica permite alcanzar resultados espectaculares y llegar a fenotipos completamente distintos. El ejemplo de esto es claro: las diferencias genéticas entre los chimpancés y los humanos apenas superan el 1,5% del genoma. Sin embargo, la función de cada uno de los genes que nos separan de ellos puede tener –y de hecho las tiene– consecuencias cualitativas de gran envergadura.

Es posible que la selección natural haya actuado sobre ciertas variantes de éstos y otros genes que nos han procurado un cerebro más eficaz en sus funciones cognitivas, como la memoria operativa y la autoconciencia. Así, la selección natural ha potenciado las variantes que nos han ayudado a mejorar nuestra relación con un medio siempre hostil.

Ahora bien, podemos preguntarnos si lo que denominamos de manera genérica inteligencia está relacionada únicamente con mutaciones específicas en nuestro genoma. Tengamos en cuenta que si cualquiera de nosotros quedara aislado en un medio rural o un bosque durante el otoño o el invierno  (por ejemplo) no sólo seríamos incapaces de conseguir alimento, sino que moriríamos de frío en muy poco tiempo. Es cierto que quizás sobrevivirían algunos individuos entrenados en técnicas de supervivencia, pero es evidente que no sucedería lo mismo con la inmensa mayoría de nosotros.

Y esto es porque nuestra evolución ha seguido su propio camino hacia una socialización muy desarrollada. Siempre hemos sido primates sociales, pero ahora lo somos en grado extremo. Nuestra especie ha dado un salto gigantesco hacia la complejidad social: en ello reside nuestro éxito, pero también el mayor peligro que nos acecha.

Autores como Bruce Lahn sostienen que la presión selectiva y la fijación de ciertos haplotipos en momentos relativamente recientes de la evolución de Homo sapiens estarían sin duda relacionadas con el surgimiento de avances culturales de gran calado, como la domesticación de los animales y la agricultura.

Es lo que conocemos como la «revolución neolítica». El Neolítico surgió hace entre 10.000 y 5.000 años en varios puntos de planeta y supuso el desarrollo de nuevas formas de obtener recursos para nuestra subsistencia, mediante la domesticación de animales salvajes y el cultivo sistemático de plantas comestibles.

Esta «revolución neolítica» trajo consigo un crecimiento demográfico muy significativo, sin duda influido más por el incremento de la natalidad que por el descenso de la mortalidad –a mayor y mejor alimentación, mayor aumento de la natalidad–. Como consecuencia de lo anterior, vivimos grandes desplazamientos de poblaciones para conquistar territorios, asistimos a la construcción de viviendas, la producción de cerámica y la mejora de las técnicas de fabricación de herramientas. En definitiva, el Neolítico ha sido clave en la distribución actual de las diferentes lenguas y sus variantes, así como en la fijación de determinadas mutaciones genéticas en las poblaciones humanas.

A pesar de que la revolución neolítica se expandió por el globo con las poblaciones humanas que iban buscando nuevos territorios, hoy en día existen poblaciones que no han alcanzado este nivel de desarrollo (como sucede con los pigmeos de la región del Congo, los Hazda de Tanzania, o los Ache de Paraguay). Dado que el genoma de los componentes de todos estos pueblos es como el de los demás humanos del planeta –aunque no hayan alcanzado el grado de complejidad cultural que nos caracteriza– parece evidente que debe haber algo más, parece que no bastan algunas mutaciones genéticas para que nuestra especie haya llegado a cotas tecnológicas impensables hace tan solo un par de cientos de años.


Es posible que la respuesta a este misterio esté en el llamado «cerebro colectivo». Los seres humanos somos totalmente interdependientes, cada uno de nosotros desarrolla un rol complementario con el de los demás miembros de la sociedad. Aunque es muy posible que en las sociedades primitivas hubiera individuos con una alta capacidad creativa, sus innovaciones desaparecían en muy poco tiempo sin llegar más allá de, como mucho, unos cuantos cientos de kilómetros. Si a esto le sumamos la poca esperanza de vida, el enorme potencial de la «sabiduría de los mayores» se perdería irremediablemente.

En resumen, para ofrecer una respuesta a porqué hemos llegado a ser lo que somos, podemos acudir a la idea del «cerebro colectivo». A las posibles mutaciones que han terminado fijándose por selección positiva en el genoma de las actuales poblaciones del planeta, hemos de añadir la conexión virtual entre los centenares o miles de individuos que formamos cada población, y la que globalmente forman todas las poblaciones del planeta. Para que se de esa conexión no es necesario que nuestras neuronas entren en contacto directo. Aunque hace relativamente poco tiempo que hemos prescindido de la conectividad física para transmitir información, estamos dando un paso trascendental hacia el futuro, quizá de una nueva especie.

La lectura de este capítulo me ha traído a la memoria una vieja reflexión: ¿Es posible que asistamos a un cataclismo planetario (ya sea medioambiental, causado por alguna guerra o de cualquier otro tipo) que provoque, quizás no nuestra extinción, pero sí una masiva reducción de la población?

No sé qué pensáis vosotros, pero creo que vivimos tiempos complicados y, como nos recuerda José María Bermúdez de Castro en este capítulo, si sucediera una catástrofe que provocase simplemente que dejáramos de disponer de electricidad y perdiéramos el acceso fácil al agua potable, volveríamos a la época del "sálvese quien pueda" y no sé cómo nos afectaría. ¿Qué opináis?

8 comentarios:

  1. Hola José Luis,

    aunque me gusta mucho leer a José María Bermudez a veces me parece que da "demasiadas vueltas" al lenguaje al contrario que tu resumen.

    Me gusta mucho la idea del «cerebro colectivo» pero aun así me hace de pensar en la conexión física. Si nuestro cerebro es nuestro y no se conecta físicamente con otros, salvo por interacciones a través de los sentidos o la empatía, ¿cómo se puede hablar de un «cerebro colectivo»? ¿cómo se ha llegado a desarrollar nuestro cerebro y el de primates para actuar como un conjunto (sólo a veces) ordenado de seres vivos? Entiendo que los pasos que ha seguido la evolución nos han hecho llegar a ello, pero me cuesta entender el concepto sin recurrir a una posible conexión física, algo así como poner en contacto dos cerebros para que una parte de ellos adquiera algo del otro. Sé que en cierto modo, a través de las interacciones diarias, se puede entender, pero, como digo, me cuesta ver la conexión.

    Por otra parte, en cuanto a pregunta, estamos cerca de un cataclismo, incluso a veces creo que es necesario para volver a replantearnos nuestra situación en el planeta, pero otras veces pienso que sería peor, no por una reducción de población, sino porque al estar hechos para esa interacción social que necesitamos cada vez más no creo que supiéramos comportarnos si la población quedara reducida y la tecnología de la que somos tan dependientes desapareciera. Como dices, volveríamos a un "sálvese quien pueda", que seguramente acabaría con la completa extinción de nuestra especie. No sabríamos vivir sin sociedad ni tecnología pero ni los más fuertes serían capaces de sobrevivir en esa situación de "a ver quien es el más fuerte".

    Por último, y ya que es el último capítulo del libro, quiero agradeceros todo lo que hacéis por que aprendamos y colaboremos en estas tertulias. Esta última parte del libro no la he disfrutado tanto y he estado más ausente por todos los líos que tengo, pero siempre que puedo intento seguir, al menos el capítulo y el resumen y comentar lo poco que da mi cabeza para pensar últimamente. ¡Sois geniales!

    Habrá que empezar a pensar en el siguiente, ¿no? ;o))

    ¡Gracias!

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    1. Jorge, he tenido la misma sensación que tú al leer este último capítulo, pero creo que se debe a que intenta hablar de mucho en muy poco espacio ya que llevamos más de 400 páginas. Desde luego, resumir desde el Neolítico a la conquista del espacio en poco más de 20 páginas es una tarea más que difícil.

      El tema del "cerebro colectivo" lo entiendo como tú bien explicas: "poner en contacto dos cerebros para que una parte de ellos adquiera algo del otro". Para mí la conexión o el puente necesario es la cultura, nuestra capacidad no solo de comunicarnos, sino de transmitir información útil y necesaria sobre nosotros, nuestro entorno y nuestras necesidades. Esa transmisión de información que se perpetúa de generación en generación, primero mediante el lenguaje oral y, más tarde, mediante la transmisión escrita, es lo que entiendo como "cerebro colectivo".

      Y estoy contigo, creo que tenemos que ir pensando en el siguiente...

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  2. Hola

    José Luis, coincido con Jorge, tu resumen "va directo al grano", se agradece.

    La "puñetera ruleta de la fortuna" ha hecho coincidir que leamos estos últimos capítulos cuando la situación internacional está tan deteriorada (de la que hago responsables no a los Trump de turno, sino a los valores que últimamente se predican: consumismo, subjetividad, individualismo...). A lo largo del capítulo hemos leído que la acumulación y la transmisión de conocimientos (derivada de nuestra extrema socialización) ha sido sin duda determinante. Me parece que la pregunta de si esa extrema socialización puede significar nuestra destrucción es pertinente.

    Opino que a lo largo de la historia de la humanidad (imagino que también en la prehistoria) ha habido momentos en que determinados valores "individualistas" han generado guerras/crisis. Mirar desde nuestra subjetividad nos separa, incluso algunos que se autodenominan tolerantes (seguro que yo estoy incluido entre estos) solo lo son con los que comparten su forma de ver las cosas. Ambas razones me hacen pensar que en el mismo momento en el que "el cerebro colectivo" (no se si está bien usado el término porque no lo he entendido muy bien) se descuida derivamos a una crisis; vamos, que opino que es una tendencia natural del ser humano.
    Esa tendencia nos traerá miseria y destrucción. De ella siempre hemos salido porque imagino que "el cerebro colectivo" se da cuenta del error y se socializa con valores adecuados (objetividad, no consumismo, solidaridad...) nuevamente.
    La duda es, siguiendo con el simil del cerebro colectivo, ¿tendrá tiempo de cambiar antes de que las consecuencias nos lleven a un punto de "No retorno", no olvidemos que con los adelantos tecnológicos quizás todo vaya demasiado deprisa para que pueda cambiar?
    Mi opinión es que si lo lograremos como especie, pero individualmente... quizás habrá muchas bajas

    Después del párrafo pesimista decir que yo también disfruto mucho con #TertuliasCiencia, que opino que sois geniales y que también opino que habrá que empezar a pensar en el siguiente, ¿no?

    Saludos!!!

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    1. Coincido contigo en que la velocidad con la que se producen determinados cambios o la velocidad a la que podemos causar un daño irreparable es quizás la clave del asunto.

      Es difícil pensar que vayamos a extinguirnos en un corto plazo de tiempo, pero al mismo tiempo sí que veo con más probabilidad que experimentemos una situación drástica que provoque muchas muertes. No sé, quizás sea plantear en voz alta un visión demasiado catastrofista, pero se me hace bastante difícil creer que podamos reaccionar a tiempo ante determinadas circunstancias.

      Como dices, la especie humana logrará salir adelante (ya no como Homo sapiens, sino quizás como Homo extraterrestris), pero por el camino tendremos que acostumbrarnos a sufrir bastante...

      En fin, más nos vale centrarnos en el próximo libro para tener ocupada la mente XD

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  3. Hola José Luis

    Gran resumen. Las 400 páginas se nos han hecho largas, no por la complejidad (que bien podría ser) sino por la cantidad de información que, capítulo tras capítulo, hemos recibido. La lectura ha sido buena pero el mejor momento, sin duda alguna, ha sido el resumen. El trabajo que habéis realizado ha tranquilizado mi mente, ha reordenado ideas y ha aclarado muchos puntos oscuros para un aficionadillo.

    Tengo claro que el planeta no puede soportar el ritmo de gasto de recursos al que lo sometemos. Sea por agotamientos varios, desaparición de fuentes de alimentos envenenamiento de acuíferos o cambio climático nos vamos a ver pronto con serios problemas. Me imagino a los ricos comprando ranchos en África...
    Los más avanzados salieron de allí y conquistaron el mundo, a no mucho tardar se deshará el camino pero los que volverán no serán aventajados sino ventajistas. Los demás lo pasaremos muy mal.
    Lo de colonizar planetas vendrá después.

    Me gusta la idea de cerebro colectivo que explicáis.Lo había entendido como que la especialización de tareas nos permite vivir juntos y necesitamos a los demás para resolver problemas. Me cambio a la vuestra.

    ¡Seguimos muy pronto!

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  4. José Luis, gracias por el resumen. Y estoy de acuerdo con los demás que has sintetizado magníficamente.

    Sí que veo posible una catástrofe que diezme a nuestra especie gravemente, pero no creo que nos llegásemos a extinguir. Somos demasiados y estamos en todas partes. Seguro que quedarían varias zonas de este planeta donde se podría volver a empezar.

    Y estoy de acuerdo con que el volver a la época de “sálvese quien pueda” es más fácil de lo que nos puede parecer ahora. Porque el egoísmo siempre ha sido una característica propia del Homo sapiens. La historia lo evidencia. Y la razón por la que ha ganado Trump es esa: el egoísmo del ser humano, especialmente con el que no pertenece al grupo con el que nos identificamos.

    La única esperanza es que el altruismo también es una característica propia del Homo sapiens, aunque siempre con los que nos identificamos. Es por ello que la educación también debería fijarse en ese hecho y enseñar a empatizar con toda clase de culturas y “razas”, para poder identificarnos con ellos, como el gran grupo humano al que todos pertenecemos. Eso es lo que debería primar respecto a cualquier otra diferencia. Pero soy muy consciente de que no es así, y que la culpa de los tiempos que vivimos es por eso.

    Como siempre, me ha encantado leer este libro con vosotros. Aunque he estado más liada que en las otras ediciones, siempre es un placer tener un momento para compartir y debatir con vosotros reflexiones sobre temas científicos. ¡Muchas gracias!

    ¡Y apoyo la moción de pensar ya en otro libro! :D

    ¡Hasta pronto! :*

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  5. Primero, disculpad mi desaparición. Ante todo, reconocer y agradecer tu magnífico resumen Simon, y bienvenido. Y Gracias a ti Conxi por el tuyo, como siempre muy trabajado. También a ti José Luis por este último.
    Ahí dejo mis comentarios, desordenados y escritos deprisa, pero necesitaba hacerlo, es el último del interesantísimo y sesudo Orígenes. He aprendido mucho a vuestro lado y me gustaría seguir haciéndolo.

    El cerebro colectivo, tal como yo lo entiendo, es una metáfora del hecho de compartir unos símbolos, como si fueran algoritmos. Conceptos abstractos que son los mismos para un gran número de personas. Muchas más de las 150 que nuestro cerebro es capaz de asimilar y controlar. Y que gracias a estas imagines inventadas, somos capaces de colaborar entre un montón de desconocidos en un proyecto común.
    Por ejemplo, el algoritmo-símbolo de país. Me explico: El concepto de país une a millones de personas que son capaces de llevar a cabo proyectos en común por un supuesto bien del país. Cosas constructivas o terribles como la guerra.
    O los colores de un equipo de fútbol que hace que se abracen absolutos desconocidos en un país extranjero. O las religiones, o el dinero, etc

    Tengo los sentimientos contradictorios como, sabéis que soy optimista con el ser humano, pero realmente me entristece tener que reconocer que estamos entrando en malos tiempos. Pero creo que lo aprendido, esta aprendido. Que la humanización esta ya interiorizada y por muchos cataclismos sociales y retrogradas que puedan causar los Trumps del mundo, tal vez hagan retroceder un par de escalones, pero la resistencia está aquí y no les será fácil volver a las mujeres a la cocina o a los gays a prisión, entre otras barbaridades. Y Como bien dice Conxi, el altruismo también es una característica nuestra y me aferro desesperadamente a esa para seguir siendo optimista.

    Como a veces soy un poco ñoña, quiero deciros que os he tomado cariño a todos, no penséis, es solo por puro egoísmo, ¿Eh? Es que aprendo mucho gracias a vosotros, como ya he dicho. Aquí estaré, es lo que pueda, para el siguiente libro.

    Abrazos y hasta pronto!!!

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