Cuanto más profundizamos en el libro, más me sorprende y más
me gusta. Ya lo hemos comentado en los anteriores capítulos, pero creo que la
explicación de la neurociencia ¾el
conocimiento de cómo funciona nuestro cerebro y que a todos nos llama tanto la
atención¾ por
medio de la magia; así como conocer algunos de los métodos que emplean los magos para deslumbrarnos es una idea magnífica.
En este capítulo continuamos con las ilusiones cognitivas,
profundizando en la forma en que empleamos nuestra visión y centramos nuestra atención.
Nos recuerdan que en la magia es muy importante el espacio
personal, lo que nos neurocientíficos llaman “espacio peripersonal”. La
neurociencia ha empezado a descifrar su base neuronal en el cerebro, hallando
que se trata de una construcción que éste crea como parte del cuerpo de nuestra
mente. Hablando más claro: Por lo que respecta al cerebro, el espacio físico que nos
rodea constituye literalmente una parte de nuestro cuerpo (el ejemplo que más
me ha gustado es el de que podamos hacerle cosquillas a un niño sólo con mover los
dedos en el aire por encima de sus costillas). Este espacio que nos rodea es el
lugar donde los magos hacen gran parte de su trabajo.
Para comprender cómo lo hacen es útil entender lo que
sabemos sobre la neurociencia de los movimientos del ojo. Existen dos clases de
movimientos, y ambos sirven a diferentes propósitos y probablemente estén
controlados por distintos subsistemas del sistema locomotor.
El primer tipo de movimiento es el llamado “movimiento
sacádico”: los ojos se mueven rápida y casi instantáneamente de un punto a otro,
aunque hay unos breves instantes entre cada "sacada" en el que los ojos
están casi quietos. Estos movimientos son vitales para la visión porque nuestros
ojos sólo pueden distinguir detalles finos en un círculo muy pequeño que se
encuentra en el centro mismo de la retina (únicamente cubre una décima parte
del uno por ciento de nuestra retina). De esta forma, la mayor parte del campo
visual circundante resulta de una pobreza sorprendente. El motivo de que nuestra
visión no nos parece nula en un noventa y nueve coma nueve por ciento se debe a
los movimientos sacádicos.
Y aquí es donde entra la compleja máquina que es nuestro cerebro:
suprime la imagen borrosa e integra los pequeños fragmentos de la información
que ha recibido en cada fijación (los instantes en que los ojos están quietos) para
ofrecer a nuestra consciencia visual un retrato detallado y en apariencia
estable de la escena visual que se halla ante nosotros. Dicho así parece fácil,
pero si lo pensamos con detenimiento, la tarea que lleva a cabo el cerebro en microsegundos es de una complejidad que abruma.
Además de esto, las neuronas de nuestro sistema visual están
diseñadas para detectar los cambios. Por eso, cuando las condiciones del
entorno permanecen estáticas, las neuronas se adaptan reduciendo su nivel de
disparo: es como si las neuronas decidieran ignorar un estímulo que es
constante para ahorrar energía y así poder reaccionar de forma más eficiente cuando
reciba un estímulo que sí cambie. Por lo tanto, una escena visual estática
puede, sencillamente, desvanecerse ante nuestros ojos.
El segundo tipo de movimiento ocular, denominado de “seguimiento”
o “persecución suave”, es aquel en el que los ojos se mueven en una trayectoria
continua e ininterrumpida, sin pausas ni sacudidas. La persecución suave sólo
se produce cuando seguimos el estímulo de un objeto que se mueve.
Cuando observamos una mano moviéndose a toda velocidad en
línea recta, nuestros ojos ¾y
nuestra atención¾ se
disparan automáticamente hacia el final del recorrido. Por esta razón, un
carterista realizará un gesto rápido y lineal si quiere minimizar nuestra
capacidad de prestar atención al recorrido mismo. Por el contrario, una mano
que se mueva dibujando un arco desencadenará un mecanismo de seguimiento
completamente distinto. En ese caso, no podremos predecir hacia dónde va la
mano, de modo que tendremos que fijarnos en ella y seguir su trayectoria; por
eso no notaremos nada cuando ese mismo carterista deslice su otra mano en
nuestro bolsillo y nos birle la cartera.
Y de aquí pasamos a la “atención”. Ya hemos visto en otros
capítulos que la atención “abierta” se da cuando dirigimos deliberadamente nuestros
ojos hacia un objeto y fijamos nuestra atención en él; mientras que la “atención
encubierta” es el acto mediante el cual miramos una cosa pero en realidad
estamos fijando nuestra atención en otra. Para describir los métodos que
emplean los magos cuando “manipulan” estos conceptos, los autores han acuñado
los términos “desviación abierta de la atención” y “desviación encubierta de la
atención”. En la primera, los magos consiguen que apartemos la mirada del
método en que se basa el truco atrayendo nuestra mirada hacia algo cuyo interés
es falso mientras realizan su acción secreta en otro lado.
En cambio, la desviación encubierta de la atención es más
sutil. El mago aleja nuestro foco de atención del método que utiliza sin
necesidad de redirigir nuestra mirada. En realidad, podemos mirar directamente
el método que hay detrás del truco, pero nos pasa completamente inadvertido
porque estamos centrando la atención en otra parte. Miramos, pero no vemos.
Esto es así porque cuando focalizamos nuestra atención nos
aseguramos que ejecutaremos cualquier tarea de forma óptima pero, al mismo
tiempo, esa focalización nos impide ver otros datos aparentemente irrelevantes
que pueden llegar a ser más importantes que la tarea misma. Además, el cerebro
suprime de forma más intensa los elementos que distraen cuando estamos
realizando una tarea difícil (como cuando intentamos concentrarnos en algo) que
durante una tarea fácil (como cuando estamos relajados).
Para explicar mejor este fenómeno, el libro nos cuenta el ejemplo de un gorila que se pasea por una cancha de baloncesto, pero yo prefiero el de otro gorila: un experimento en el que unos radiólogosobservaban unas radiografías buscando nódulos cancerígenos, pero no veían en esa radiografía (un83% de ellos) la imagen de una persona disfrazada como un gorila.
Muchos neurocientíficos pensaban que el gorila se volvía “invisible”.
En realidad se trata de una desviación encubierta de la atención. El gorila
resulta invisible incluso cuando se le mira porque la tarea que se le ha pedido
al observador (en mi ejemplo, buscar nódulos cancerígenos) lo distrae del
gorila. El estudio señala que la percepción visual es algo más que un puñado de
fotones entrando en los ojos y activando el cerebro. Para ver algo de verdad, hay que prestarle atención.
Y esto tiene mucho que ver con la multitarea, una conducta
de lo más cotidiana en nuestro mundo tecnológico actual. Se ha demostrado que
la multitarea, es decir, la capacidad de hacer varias cosas a la vez con
eficacia, es un mito. Nuestro cerebro no está diseñado para ocuparse de dos o
tres cosas al mismo tiempo, está configurado para responder una a una.
El filósofo Epicuro sentenció: No desperdicies aquello que ya tienes por desear lo que no tienes; recuerda que lo que ahora tienes fue lo que hace tiempo deseabas obtener.
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Tras leer este capítulo cada vez tengo más claro que nuestra visión tiene muchas limitaciones, pero que, al mismo tiempo, muchas de esas limitaciones las suple la maravillosa "maquinaria" del cerebro. ¿Cómo afecta/afectará -si lo hace- la revolución tecnológica en la que estamos inmersos a la forma en que nos relacionamos no solo con quienes nos rodean, sino con la naturaleza y nuestro entorno?

















