Aunque me he centrado, sobre todo, en la descripción de nuestro sistema visual, he decido no obviar totalmente los aspectos mágicos (como hizo Jorge en el resumen del capítulo anterior). Sin embargo no doy todos los detalles de los trucos, muchos no los nombro; y solo aparecen los que creo que son relevantes para entender de qué hablamos.
He dividido el capítulo en tres partes, y he cambiado un poco el orden para facilitar la agrupación. Y, en los temas de opinión, no me he podido resistir a añadir alguna pequeña pincelada de mi cosecha :).
LA CARTA AMBICIOSA
El truco de la carta ambiciosa se convirtió en célebre al conseguir engañar a uno de los magos más famosos de la historia: Harry Houdini. El responsable de ello fue Dai Vernon que aceptó el desafío (algo presuntuoso) de Houdini, en el que decía que haciéndole un truco tres veces él podría conocer cómo lo había hecho. Pero el gran mago no salió victorioso de esta contienda, pues aunque Vernon realizó el truco en siete ocasiones Houdini no logró adivinarlo.
Lo que el público observa en este truco es que, después de que un espectador selecciona y retorna a la baraja una carta, sin que el mago vea cuál es, pero el espectador sí, esta aparece «mágicamente» encima de la baraja.
En los trucos de prestidigitación que habitualmente se realizan a muy poca distancia del espectador, la percepción visual desempeña un papel fundamental. Algunos trucos se basan en distraer la atención del que mira, y otros en aprovechar las debilidades de nuestro sistema visual.
Algunas de las razones por la que los magos utilizan barajas para llevar a cabo sus trucos es porque son objetos rígidos pero a la vez muy finos, caben perfectamente en la palma de la mano y pueden esconderse con facilidad. También pueden barajarse, abrirse en abanico, voltearse, escamotearse, cortarse, pegarse y guardarse en el bolsillo.
No os diré cuál es el principal recurso que se utiliza para el truco de la carta ambiciosa, pero os diré que es una de las cualidades de la lista anterior. Y que para llegar a dominar este truco de prestidigitación los magos deben ser capaces de realizar todos los movimientos sin prestar atención a lo que hacen.
Una de las razones por la que nuestro sistema visual no acierta a seguir correctamente la colocación de las cartas tiene que ver con que su resolución es muy pobre, a excepción del centro exacto de nuestra mirada, donde se encuentra la mácula.
En la retina se pueden diferenciar varias partes, la más importante es la que hemos nombrado: la mácula, que es la zona con mayor agudeza visual. En el centro de esta se encuentra la fóvea, que es un área muy pequeña que forma una depresión y es extremadamente sensible a la luz. La fóvea es el área de la retina donde se enfocan los rayos luminosos y se encuentra especialmente capacitada para la visión aguda y detallada.
Sin máculas solo tenemos visión periférica, cuya resolución es muy baja y que haría que vayamos por el mundo viendo solo lo que sucede a ambos lados de nuestra cabeza.
Para que este truco funcione, el mago también se vale de un proceso automático que tiene lugar en nuestro cerebro y que nos sirve para percibir la profundidad sin que seamos conscientes de ello: la oclusión y la perspectiva.
La oclusión se produce, por ejemplo, cuando una persona se encuentra parcialmente oculta detrás de otra, y damos por sentado que la que no está oculta se encuentra más cerca de nosotros. Se trata de una deducción lógica que el cerebro realiza de forma automática y casi instantánea, sin que medie el pensamiento consciente.
Nadie sabe en qué lugar del cerebro se computa la oclusión, pero es probable que suceda a una altura de nuestro sistema visual donde las neuronas más adecuadas descifran las formas individuales. Las neuronas que se activan en un primer momento ante un campo visual solo detectan rasgos menores del mundo, como los bordes, las esquinas y las curvas. Para constituir una forma completa y ver un objeto de interés, hacen falta neuronas que sepan discriminar las formas y combinen la información que envían los primeros detectores de rasgos. Por lo que se necesitará un nivel de computación más tardío que pueda determinar qué se está ocluyendo. De este modo, el sistema visual construye la percepción de la profundidad etapa a etapa.
Además de la oclusión, el mago se aprovecha del deseo de nuestro cerebro de comprender el mundo en perspectiva. La perspectiva lineal se apoya en el hecho de que las líneas paralelas, como las de las vías del tren, parecen converger en la distancia. El sistema visual interpreta esta convergencia como profundidad porque da por sentado que las líneas paralelas se mantendrán en paralelo.
En el truco también entra en juego la perspectiva del tamaño. Si dos objetos similares aparecen con tamaños diferentes, nuestro sistema visual dará por hecho que el más pequeño está a más distancia.
LA CUCHARA QUE SE DOBLA
Doblar cucharas es un truco típico de salón. En este, el público observa cómo el mago, con la fuerza de la mente (supuestamente) y con una suave fricción de los dedos sobre la cuchara, logra doblarla.
Para que este truco funcione es necesario varios conceptos psicológicos importantes que contribuyen a percibir que las cucharas están rectas, cuando en realidad ya se han doblado.
El primero de ellos es el «completado amodal», que es el proceso según el cual un objeto que aparece parcialmente escondido detrás de un segundo objeto se verá en su totalidad aunque se encuentre oculto.
Esta capacidad de nuestro cerebro es utilizado por los magos en otros trucos como el de cortar en dos a una mujer con una sierra.
Estoy de acuerdo con los autores con que el proceso mediante el cual nuestro cerebro hace que las cosas parezcan completas, a partir de información escasa, !es realmente una genialidad! A esto se le llama «buena continuidad», y el «completado amodal» es un buen ejemplo de esta.
Cada vez comprendemos mejor los mecanismos de la «buena continuidad». En el sistema visual esta capacidad depende de la orientación y de la posición espacial de las líneas que estemos mirando. Cuando la posición relativa y la orientación de dos o más segmentos se encuentran alineadas podremos ver un contorno. Cuando dos o más líneas con similares orientaciones se colocan muy cerca de sus extremos alineados, podremos advertir que los segmentos individuales destacan visualmente mucho más: sobresalen con respecto al fondo. Pero si la separación entre segmentos, o las diferencias en sus orientaciones, es demasiado grande, la «buena continuidad» falla y los segmentos resultan más difíciles de discriminar con respecto al fondo.
| ¡Es increíble que veamos lo que no está dibujado! |
Los científicos han descubierto la base fisiológica del funcionamiento de la «buena continuidad» en el sistema visual. Las neuronas de la corteza visual primaria se ajustan a determinadas orientaciones; prefieren, por poner un ejemplo, los segmentos de líneas horizontales o verticales. Estas neuronas especializadas se encuentran en diferentes partes de la corteza visual primaria, de forma que el cerebro pueda integrar información más allá de los límites de cada neurona. Resulta entonces que las neuronas con atributos similares están conectadas por medio de fibras horizontales que atraviesan una larga distancia en la corteza visual primaria. Podemos ver esa continuidad en los objetos parcialmente escondidos gracias a las conexiones de largo alcance existentes en la corteza entre neuronas de tipos parecidos. Los mismos procesos podrían desempeñar un papel similar en otros tipos cognitivos de percepción visual.
Respecto a la ilusión de la cuchara hay un segundo concepto que también se ha documentado. Cuando las cucharas se agitan entre los dedos del mago, parece que pierdan su rigidez. La ilusión se debe a que nuestro sistema visual tiene dos mecanismos distintos para ver las líneas: uno especializado en los bordes, y otro en el final de las líneas. Para detectar el borde de una línea, recurrimos a las neuronas de nuestra corteza visual primaria. Sin embargo, para localizar los extremos de una línea, tenemos las llamadas células con inhibición final, las cuales se ajustan para reaccionar ante el final de largos contornos.
El cerebro percibe las líneas de orientación mucho más deprisa que el final de las líneas. De ahí que parezca que el mango de una cuchara que se agite se mueva antes de que se muevan los extremos, lo que origina la ilusión de que la cuchara se está doblando.
También se habla en el capítulo de que el cerebro no sabe cómo comportarse cuando el nivel de información que recibe es cero, y por eso inventa su propia realidad.
Por ejemplo en el experimento Ganzfeld, donde se utiliza una pelota de ping-pong cortada por la mitad, y se sintoniza la radio hasta que solo se escucha la estática. Entonces, la persona que realiza el experimento, debe tumbarse y colocar las mitades de la pelota sobre cada ojo sujetas con cinta adhesiva, y esperar. Al cabo de unos minutos esa persona empezará a experimentar un auténtico aluvión de sensaciones muy raras, como ver osos polares haciendo cabriolas con elefantes, etc.
URI GELLER
A comienzos de la década de 1970, apareció en los escenarios de todo el mundo un mago deshonesto. El injustificablemente famoso y mentiroso Uri Geller. Y digo lo de mentiroso porque afirmaba y sigue afirmando (aunque le hayan desenmascarado unas cuantas veces) que sus «poderes son sobrenaturales», es decir, que no son trucos. Y eso lo sigue diciendo aunque existan magos profesionales que puedan hacer lo mismo que él sin esos supuestos «poderes sobrenaturales».
Los autores intentan explicar cómo fue posible que en esa época hubiera tanta gente que le diera crédito. Por ejemplo, aluden a la paranoia de la Guerra Fría, donde la CIA estaba convencida de que el KGB sabía cómo utilizar la percepción extrasensorial o la visión remota. O plantean que simplemente fue uno de esos extraños momentos de la historia (recordemos que el movimiento New Age estaba en su punto más álgido) en que un número nada despreciable de personas (que en otro momento se mostraría del todo racional) se deja seducir por el pensamiento mágico.
A Geller, sobre todo, se lo conoce por realizar el truco de doblar cucharas. Claro, que él decía que no era un truco, pues se supone que tenía esa capacidad «sobrenatural» gracias a unos extraterrestres o_O.
Pero Uri Geller tiene un magnífico archienemigo, su antagonista. También hace trucos de magia como él. Pero no solo no miente, sino que una gran parte de su vida la ha dedicado a destapar los fraudes relacionados con la parapsicología y otras pseudociencias. Su nombre es James Randi y es uno de los escépticos más reconocidos del mundo.
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| La verdad sobre Uri Geller |
En el siguiente vídeo, y, desde el minuto 5:43 hasta el minuto 10:26, podéis ver cómo Randi desenmascaró a Geller repitiendo estos trucos de salón y cómo en el programa «The Tonight Show» (de Johnny Carson) Geller fue puesto en evidencia. Aunque también os recomiendo todo el documental, a pesar de que sea algo antiguo y con una baja calidad de imagen.
Los autores nos hablan de cómo en 1975 Uri Geller logró engañar a dos investigadores «expertos en psicología paranormal» del Instituto de Investigación de Stanford. Estos «expertos» aseguraron que sus ondas cerebrales podían afectar a los metales dúctiles o_O (¿en serio?).
El científico Danny Hillis explicó así por qué los científicos se muestran especialmente ingenuos ante los Gellers de este mundo: «Cuanto mejor es el científico, más fácil resulta engañarlo —afirma—. Los científicos son gente honrada. No tienen la menor idea de hasta dónde es capaz de llegar un mago, y además no están entrenados en el fraude».
Hillis también cuenta la siguiente anécdota con el célebre físico Richard Feynman de protagonista: «Se trataba de hacer un truco —Hillis a Feynman— y desafiarlo a que lo adivinara. Al cabo de uno o dos días de pensarlo a fondo, volvió con la respuesta correcta. Entonces repetí el truco pero usando un método completamente diferente. Y se volvió loco. Jamás se le ocurrió el metaprincipio de que yo había cambiado el método. Esto puede deberse al hecho de que a los científicos se los prepara para que utilicen el método científico. Hay que seguir experimentando hasta que se da con la respuesta. La naturaleza es fiable. La idea de que alguien fuese capaz de cambiar de método era simplemente inconcebible para él».
El pensamiento mágico (como por ejemplo el que la mente pueda doblar cucharas, el poder psíquico, la clarividencia o el poder de los pensamientos sobre la materia) a menudo no es inocuo (resulta peligroso, doloroso o, por lo menos, bochornoso). Para evidenciar esta situación, los autores nos cuentan la anécdota de cuando Susana (una de los dos autores) tenía ocho años y creía que era capaz de atravesar cualquier barrera solo con el poder de su mente. El resultado de comprobar que eso no es posible es una cicatriz que luce en la sien izquierda.
Cuando un parapsicólogo, un sanador espiritual, un médium o un charlatán asegura poder desafiar las leyes de la naturaleza, detrás siempre se esconde una ilusión como las que utilizan los magos. La gran diferencia es que estos no se aprovechan de clientes desesperados o incautos que se los engaña por dinero, o peor todavía: que se los convence para que rechacen tratamientos médicos de probada eficacia en favor de todo tipo de intervenciones psíquicas.
Por todo esto pienso que es tan importante divulgar que el mismo cerebro del que estamos tan orgullosos, pues nos ha llevado a construir una civilización tecnológica y científica que está a mucha distancia de las posibilidades de cualquier otra especie conocida; ese mismo cerebro, se puede manipular de tal manera que nos puede hacer creer que percibimos (y que por tanto nos puede hacer creer que existe) lo que es imposible: la magia en todas sus versiones.
Y finalmente os dejo algunas cuestiones que, si os apetece, me gustaría comentar:
- ¿Mejoraría nuestra percepción de la realidad si tuviéramos la misma resolución en todo el ojo que la que tenemos en la mácula?
- ¿Qué pensáis sobre los resultados del experimento Ganzfeld?
- ¿Qué pensáis sobre las interpretaciones automáticas que realiza nuestro sistema visual (completado amodal, oclusión, perspectiva, etc.) sin que seamos conscientes?
- ¿Creéis que es responsable que los medios de comunicación den pábulo a farsantes, como Uri Geller, sin tener el más mínimo sentido crítico? Y no lo pregunto solo por casos como el Directísimo de TVE de hace 40 años, sino por programas más actuales, como los que se hicieron a finales de 2013, donde Uri Geller apareció en dos televisiones españolas como son el Hormiguero de Antena 3 y el programa de Fin de Año de Neox.
- ¿Qué pensáis sobre la ingenuidad de los científicos? ¿Lo veis normal o un problema? ¿Se debería hacer algo para corregirlo?
- ¿Tan malo es el pensamiento mágico?
¿Me he pasado con tantas cuestiones? ;)
¡Que tengáis una feliz semana!




