Volver a leer un trocito de “Una breve historia de casi
todo” (B. Bryson, 2003) ha sido una gozada. No me había dado cuenta hasta ahora
al volver a releer el capitulo 20 “Un mundo pequeño”, de lo mucho que su
lectura ha influido en mi pasión por el mundo microbiano y por la divulgación
científica. Si uno ve el vídeo TEDx “El asombroso mundo de lo
invisible”, se dará cuenta de lo que quiero decir. Os aseguro que no recordaba
este capítulo 20 cuando preparé el guión del vídeo, que leí probablemente hace
más de seis o siete años. Y hablamos de lo mismo! La misma influencia que causó
en mi la lectura, durante los primeros años de mi carrera de Biología, de “Cazadores
de microbios” de Paul de Kruif, otro clásico que te cuenta de forma
novelada la apasionante historia de los
primeros microbiólogos, la Edad de Oro de la Microbiología: Leeuwenhoek,
Spallanzani, Pasteur, Koch, Bruce, Ehrlich y muchos otros. Este libro, y los
profesores que tuve durante la carrera, tienen la culpa de que me dedique a
esto.
El capítulo “Un mundo pequeño” de Bryson nos introduce en algunas
ideas fundamentales del mundo microbiano. Que los microbios están en todas
partes, que nosotros mismos somos microbios!, que algunos son capaces de vivir
en los ambientes más extremos, que cuando nosotros nos extingamos seguirán
aquí, que son necesarios para la salud del planeta, que son muy diversos, mucho
más que las plantas y los animales, y que unos pocos, muy pocos comparados con
el resto, producen enfermedades (la inmensa mayoría de los microbios son unos
buenos tipos!). Pero además, este capítulo tiene una actualidad sorprendente, a
pesar de algunos pequeños gazapillos, que le podemos perdonar. Nos cuenta
historias que son noticia todos los días, algunas portada de periódicos. Durante
estos últimos meses hemos visto en los medios de comunicación noticias sobre el
brote de Ébola en Guinea, el coronavirus MERS de Oriente Medio, sobre la
búsqueda de una solución para el SIDA, la OMS acaba de publicar una alerta
sobre el peligro de la resistencia a los antibióticos (si seguimos así podemos
volver a una situación similar a la que había antes del descubrimiento de la
penicilina!), y los nuevos virus de la gripe aviar y porcina siguen en el
candelero cada año.
Es probable que nuevas ediciones del libro incluyan los
avances que la metagenómica (la secuenciación y análisis de genomas completos)
está aportando al estudio de nuestros microbios (el microbioma) y su relación
con nuestra salud, las recientes revisiones del árbol de la vida de Woese, o el
descubrimiento de los virus gigantes, los Mimivirus. Pero de lo que no cabe
duda es de que la lectura de “Un mundo pequeño” nos abre la puerta a ese mundo
invisible que muchos ignoran y ni se imaginan la influencia que tiene en
nuestra vida diaria. Gracias por compartir esta experiencia!
Ignacio López-Goñi (microBIO)
Lo primero comentar que a mi el
libro de Bryson me gustó mucho y que considero que es una auténtica pasada que
una persona que reconoce al principio que tiene una escasa formación científica
se ponga las pilas y consiga escribir algo así. Ya me gustaría a mí tener ese
nivel. Pero voy a ejercer un poco de abogado del diablo.
Dicho esto, creo que una de las
principales debilidades es que muchas de las referencias que usa son de
artículos de divulgación científica y en algunas ocasiones se ve que en la
fuente original no han hilado fino (se citan artículos de The Economist para
hablar de microbios). En otros que se ve que hay una determinada obra que le ha
gustado mucho y entonces se centra mucho en ella.
En el caso del capítulo 20
dedicado a los microorganismos una de las cosas que le lastra es que se deja
llevar por el libro de Margulys y Sagan "Microcosmos". Los procesos
de transferencia horizontal en bacterias son muy importantes, pero lo de la
"charca genética" ya era una exageración en el momento en el que se
escribió la "Breve historia".
Luego tiene algunos
"gazapillos" como por ejemplo decir que Bacillus marismortui
(actualmente Sallibacilus marismortui) es un halófilo extremo (aguanta 35% sal)
cuando en realidad es un halófilo moderado (aguanta 10% de sal). Aunque más
divertido es el de Deinococcus radiodurans. Resulta que un párrafo antes
también lo nombra pero con su denominación antigua: Micrococcus radiophilus.
Por cierto, hay un gazapo gordo cuando dice que vive "atracándose del
plutonio". Eso es totalmente falso (es lo malo de utilizar un National
Geographic de 1993 como fuente bibliográfica para un libro del 2003).
Hay otros "gazapos" que
como microbiólogo me chirrían. Por ejemplo cuando habla que los hongos tienen
"raíz". Yo recuerdo que en el instituto ya nos hablaban de que no
eran raíces aunque lo pareciesen. Otro es cuando dice que la diferencia entre
arqueas y bacterias se reduce al tipo de lípidos y a la ausencia de
peptidoglicano, justo cuando en el capítulo anterior ha estado hablando del
ADN, el ARN, los ribosomas, la transcripción y la traducción
Y para acabar apuntar algunas
cosas del tema de virus. Lo de que los virus solo "pueden sobrevivir unas
pocas horas fuera de un cuerpo anfitrión" es un error de bulto. En el caso
del virus de la viruela se sabía desde 1965 que podía permanecer activo en las
costras secas por al menos 13 años. También me sorprende que no diga que el
virus de la gripe es un virus aviar y que diga que el virus del SIDA estuvo
inactivo durante 20 años porque simplemente no se habían descrito casos antes de
1980
Pero en conjunto creo que las
virtudes del libro de Bryson sobrepasan con creces a los pequeños defectos y
errores que contiene.



