Esta semana nos toca la serie Colombo. Ese teniente, policía de Los Ángeles, desaliñado, parlanchín, amable, educado y habitualmente minusvalorado por los delincuentes. Esta última faceta es la que, personalmente, me hacía más gracia.
| Peter Falk caracterizado de Colombo (Wikipedia) |
En el capítulo se hace una introducción de la serie para llegar a las prótesis oculares, pues el actor que protagoniza la serie (Peter Falk) llevaba en su ojo derecho.
Nos da un repaso rápido de la historia de estas prótesis, donde la más antigua tiene unos 5000 años y que romanos y egipcios usaban prótesis situadas fuera de la órbita ocular. Las primeras prótesis intraorbitales estaban hechas de oro y esmaltes de color, materiales que fueron sustituidos por el cristal.
De esta manera el autor llega a los ojos biónicos (o prótesis retinales), donde explica su funcionamiento a partir de los circuitos neuronales (los cuales deben seguir estando intactos para que el sistema funcione) y en el que participa un pequeño ordenador portátil; lo que amplía las posibilidades de información que puede obtener el paciente.
El primer ojo biónico se llamó Argus 16 (pues tenía solo 16 electrodos) que se probó entre 2002 y 2004, pero este solo permitía distinguir si las luces estaban abiertas o apagadas. Con el Argus II (60 electrodos) las imágenes ya tenían algo de resolución. La siguiente generación de Argus llegará a los 1000 electrodos.
El sistema informático de Argus permite alguna función más que la de "ver", como es la de traducir letras a braille o reconocer rostros.
Y es en este punto donde el autor nombra a las gafas de Google, pues indica que las funciones disponibles en estas podrían integrarse en los ojos biónicos.
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| Google Glass (Wikipedia) |
Las Google Glass tuvieron unas expectativas desmesuradas sobre su uso y su éxito que más tarde, cuando se empezaron a vender en 2013, quedaron en una simple anécdota (en 2015 dejaron de estar disponibles a gran escala). Actualmente (desde 2017) se vende una versión centrada en el entorno empresarial, con aplicaciones muy concretas, que tienen sentido solo en entornos laborales.
Los expertos dicen que la razón principal de su fracaso fue el tema de la privacidad. Tal como se comenta aquí:
“Son capaces de dar información de personas anónimas que pasan por la calle o, incluso, grabar vídeos o capturar fotos sin que nadie lo sepa. Esto rápidamente abrió un intenso debate y los defensores de la privacidad se echaron las manos a la cabeza.”
¿Qué pensáis sobre el concepto de privacidad? Las redes sociales y los teléfonos móviles (aunque podríamos generalizar con internet) ya han puesto en compromiso la privacidad de los que las usamos. Unos en más medida que otros damos datos privados, potenciando los factores de riesgo que nos hace más vulnerables a los demás. Pero lo hacemos porque obtenemos contrapartidas.
¿Habéis reflexionado suficiente para valorar que estas contrapartidas valen el riesgo que corremos?
Y sobre el ojo biónico, donde ya se permite el reconocimiento de rostros; lo que fácilmente lleva a la posibilidad de dar información privada sobre todas esas personas que reconoce, incluidas las desconocidas. ¿Qué pensáis?




